viernes, 18 de junio de 2010

Distancias adecuadas




(Extracto del libro "Corazón que siente, ojos que ven", de Mercè Conangla y Jaume soler, ed. Planeta)

Para vivir en sociedad hay que tener la sabiduría del erizo: saber a qué distancia ponerse del otro para no lastimarse

Arthur Schopenhauer

Hay algunos a los que les encantan las personas como individuos pero que no soportan a la humanidad en general. A otros les encanta la humanidad en general pero no soportan a los individuos. Hay quien trabaja para mejorar la sociedad y ayudar a personas de países lejanos pero es incapaz de relacionarse adaptativamente con su familia y vecinos. Hay quien se relaciona bien con los cercanos pero se olvida de la globalidad. Y es que lo cercano nos concierne y nos duele más.

Nos sabemos vulnerables y no queremos sufrir, pero vivir alejados de los demás es vivir huidos de nosotros mismos y de nuestra humanidad. Hallar la distancia adecuada en cada caso y en cada relación es todo un arte. Si nos acercamos demasiado nos pinchamos con nuestras púas, como les ocurre a los erizos, que en las frías noches de invierno se acercan unos a otros buscando calor. Pero si nos alejamos demasiado, sentimos el frío de la soledad y la desconexión y añoramos la cálida cercanía de otros cuerpos y otras almas. Por ello, nos volvemos a acercar esperando que las púas de los demás no nos vuelvan a agredir.

Entendemos que es importante hallar el punto de equilibrio y evitar ser pinchado y pinchar a los demás. Cuando la distancia no es adecuada, lo sabemos: la cercanía del otro nos duele. Entonces toca poner distancia y protegernos. Cuando somos nosotros los que pinchamos también nos llegan indicios que deberíamos reconocer: el otro pone barreras, se aleja o se vuelve agresivo, porque a nadie le gusta que lo hieran.

Los pinchos son nuestras intromisiones en la vida de los demás, las invasiones a su territorio privado, el exceso de control sobre lo que piensan, sienten y hacen. Derivan de nuestros intentos de dirigir su vida, de imponerles nuestra presencia, de no pedir permiso y de no respetar su silencio y distancia. Son nuestros juicios de valor, las etiquetas que ponemos, nuestras recriminaciones, quejas y victimismo. ¿Qué pinchos clavamos en los demás? Es preciso detectar cuáles son y aprender también a protegernos de los que otros nos intente clavar.

Se trata de un sutil equilibrio: hallar la distancia adecuada que nos permita ayudar sin ahogar, responsabilizarnos sin culpabilizarnos, dar al máximo lo que podamos sin sacrificar nuestra vida. Porque nuestra vida es para gozarla además de para vivirla.

3 comentarios:

Ramon Aquiles Hernandez Bernal dijo...

Saludos
Me parece muy interesante su blog acerca de Psicologia.
ramon_hdz21@yahoo.com.mx

Ramon Hdz
Mexico

Silvia dijo...

Muchas gracias por la visita y el comentario, Ramón.
A ver si tengo más huecos para poder actualizarlo.
Saludos!

Silvia dijo...

Muchas gracias por la visita y el comentario, Ramón.
A ver si tengo más huecos para poder actualizarlo.
Saludos!