viernes, 27 de junio de 2008

¿Quién se ha llevado mi queso?


Simpática adaptación animada del libro que fue todo un éxito de ventas en su momento. Un sencillo manual que relata la historia de dos ratoncitos y dos pequeños humanos dentro de un laberinto buscando queso. Muy recomendable.


Primera parte:




Segunda parte:



Atreverse a viajar sola


Artículo de la revista Phychologies de julio de 2008.
(Nota: las fotos están captadas aleatoriamente de internet, sin que correspondan al reportaje o testimonios facilitados en él.).

Las mujeres que viajan solas chocan, desconciertan, despiertan admiración y
también sorpresa. ¿Qué les lleva a coger un día la mochila y lanzarse a la
aventura? Sara, Ana, Laura y Eva lo han hecho. A pesar de
los miedos iniciales - a lo desconocido, a la soledad... -, todas coinciden en
afirmar que el hacerlo, transforma y enriquece poderosamente.


"Señorita, disculpe, ¿viaja usted sola?". Hay quien siente vergüenza solo al imaginarse que alguien le pueda hacer esta pregunta, pero hay otras mujeres, valientes, que deciden ser dueñas de su vida y emprender viajes sin más compañía que su maleta.

Pero el viaje empieza mucho antes de partir. La preparación es una parte enriquecedora a la que se le debe prestar atención. "Es necesario que al comienzo de cualquier viaje nos paremos y entendamos cuál es el objetivo y el impulso que nos motiva a hacerlo. Esto marca la intención, es decir, el sentido que para cada persona tiene una decisión así. Esta toma de conciencia es reveladora. El pararnos y darnos cuenta del motivo por el cual comenzamos un viaje nos ayudará a integrar en armonia lo que pueda ir sucediendo", comenta la psicóloga social Lourdes Prieto. Es una decisión importante ya que supone el riesgo de no tener ningún apoyo al exponerte a un mundo desconocido y para eso hay que estar preparada.

Al viajar sola no puedes comentar nada con alguien cercano de lo que vas observando y por ello todo lo que vivas formará parte de tu experiencia única y personal. Curiosamente esto mismo te puede ayudar a abstraerte y ver el mundo como si lo miraras desde fuera, como si todo fuera una especie de obra de teatro y tú su única espectadora. Eso es tan enriquecedor desde el punto de vista personal que nos puede llegar a transformar la perspectiva de la vida.


Abrirse a los demás

Laura es economista y lleva viajando por todo el mundo desde los 20 años. Ahora no se imagina programando un viaje con nadie. "Nunca me he sentido tan acompañada como cuando viajé a Senegal. Siempre había alguien dispuesto a conversar, y eso me fascina. Encontrar culturas diferentes y mezclarme con ellas es lo más enriquecedor de mi vida, también porque siempre me han recibido con una sonrisa. Aparecer en pueblos de apenas 15 personas, y que te inviten a comer, cenar, dormir... eso no te pasa si viajas de casa a la oficina o si vas en un viaje en grupo. Sola es como disfruto más, porque aprovecho todas las posibilidades que ofrecen los lugares que visito". Y recuerda "cómo un niño se puso a llorar cuando me vio porque nunca había visto una mujer blanca, y cómo al final acbé jugando con él toda una tarde. Algo que podría ser una pérdida de tiempo para otra persona, para mí es una manera de aprovecharlo. Personalmente, siempre me ha fascinado la gente, hablar con todo el mundo, el ser humano es lo más interesante que hay en la vida y viajando es cuando realmente puedo ser yo con los demás. Es cierto que alguna vez que he viajado con compañía he tenido momentos tensos, porque no podemos fingir las 24 horas del día algo que no somos. Lo que me gusta es la absoluta sensación de libertad. Puedo ir, quedarme, marcharme de donde quiera y hacia donde quiera sin depender de nadie y sin que nadie dependa de mí. Por unos días no tengo que pensar ni respetar los deseos de los demás y ni siquiera pensar en los míos".

Emprender un viaje en soledad supone romper con nuestro grupo de referencia, nuestro rol, el papel y lugar que ocupamos en la vida. Hay momentos en los que necesitamos de esta definición, pero también existen otros en los que queremos despojarnos de estos límites para alcanzar algo de libertad, sabiendo que tiene los días contados.


"Las mujeres que han viajado o viajan solas son positivas y tienden a relativizar los problemas debido a la practicidad que han ido desarrollando en cada uno de sus viajes. Son mujeres con un alto grado de responsabilidad y muy organizadas. Hacerlo una vez en la vida es algo más que recomendable, pero no como huida sino como búsqueda", comenta la psicóloga social Ana Jiménez.


Disfrutar de una misma

Huir de una ciudad y emprender un viaje para dejar problemas atrás es un error, ya que como decía el poeta Kafavis "las ciudades se llevan dentro". Por eso, lo más recomendable es dejar el plano sentimental atado y después marcar una ruta. La experiencia que te aporta estos viajes forma parte del aprendizaje vital y de la formación de la persona, pues te abren diferentes perspectivas y puntos de vista y al final te forjan una personalidad más receptiva.

Silvia Granada, arquitecta de 42 años, aprovecha sus vacaciones, que prefiere cogerse siempre en septiembre para evitar turistas, para disfrutar de ella misma con entornos diferentes, "mis viajes son un retiro espiritual cuyo objetivo son, aparte de conocer lugares y personas nuevas, vaciarme de todo lo que ha ido pasando en el año, de las tensiones, de los malos momentos, incluso de los buenos y mirar tanto para fuera como para dentro. Así vuelvo a ser yo misma, sin contaminar. Me apasiona la sensación de estar aislada por el idioma, no entender nada y solo abrir el canal de comunicación cuando quiero. Me gusta observar a la gente que no se siente observada, sus gestos, la entonación, cómo caminan. Me divierte inventar historias respecto a ellos y producir la misma sensación de extranjera rara a la que observan. Eso sí, siempre cumplo con lo planificado anteriormente, mi lista de "Cosas imprescindibles que hacer en...".


Continuamente nos alimentamos de nuestro entorno, somos lo que fuimos, lo que vemos, oímos, sentimos y pensamos. Así, al rodearnos de un mundo nuevo cuando realizamos un viaje, con nuestra identidad desnuda nos reinventamos.


Superar miedos

Para Ana Ormaechea, una periodista de 34 años, viajar le supone "una inspiración para vivir. Al principio, el miedo se apoderaba de mí, pensando todo lo malo que me podría pasar; después es más la incertidumbre de cómo será. Pero la actitud puede con todo y los miedos se van en seguida. Sin embargo, como soy consciente de que pueden suceder imprevistos, suelo contratar un seguro y así espanto los posibles males. En ocasiones, me siento sola y me gustaría compartir ciertos momentos con alguien, pero lo mejor es aprender a disfrutar de una misma. Cuando lo consigues, ya lo tienes todo ganado".

Esa mezcla de miedo a lo desconocido y ánimo de aventura es lo que engancha a volver a repetir la experiencia, y lo que impulsa a muchas mujeres a llenar su equipaje de valentía y trazar nuevas rutas. Como decía la aventurera parisina Freya Stark, "a una le sobreviene una especie de locura a la vista de un buen mapa". Y es que si lo tuvieran todo controlado, ¿qué gracia tendría?

Es precisamente ese punto de incertidumbre lo que hace bueno un viaje, como afirma el psicólogo Vicente Prieto: "Conocer los límites de uno y poder afrontar las situaciones que no tenías previstas en un principio hace que te sientas capaz de enfrentarte a lo que sea".

Sara Janini es fotógrafa y lleva más de 15 años viajando por el mundo con la cámara como compañera de aventuras. "Lo mejor de viajar sola es que no tienes ninguna presión de nadie, solo la que tú te marcas. Haces todo a tu aire y si un día no te apetece salir de la cama, pues no tienes por qué hacerlo. No hace falta recorrerse toda la ciudad de arriba a abajo sin dejarte nada por pura obsesión. Por mi profesión prefiero ir siempre a mi ritmo, que no me impongan horas de visita, aunque muchas veces he de hacerlo. Cuando más disfruto es cuando solo tengo un billete de ida. Eso es para mí la vida. La vuelta es cuando el viaje se agota por sí solo, aunque hay veces que tienes obligaciones y debes volver, entonces es una vuelta forzosa. En más de una ocasión, sobre todo en África, he ido retrasando la vuelta hasta qu eha sido imposible no regresar. No considero que tenga una casa fija, aunque ahora haya encontrado un refugio donde descansar entre viaje y viaje. Los tuaregs y el desierto son unas de mis pasiones. La cercanía con la que te tratan, de repente te sacan lo que tienen ellos para comer y te lo dan, como la tagela, un pan que se cuece en la arena y que te comes con media tonelada de arena de desierto de regalo, pero que te sabe a gloria, solo por el acto de generosidad".


Viajando sola se pueden tener momentos de plenitud absoluta con cosas pequeñas, como bañarse en el mar, mirar un cuadro o comer un trozo de pizza por la calle y se disfrutan con mucha intensidad. "Me encanta perderme con el coche por carreteras secundarias sin ningún destino en concreto... sólo por el placer de conducir y de descubrir algo nuevo", comenta Ana Ormaechea.


Un deseo de superación

Eva Garzón, de 29 años, viaja continuamente por su trabajo en una ONG, pero cuando ella puede elegir destino y compañía lo tiene claro, prefiere evadirse unos días ella sola. "Siempre que cuento alguno de mis viajes hay quien me pregunta si no me siento observada cuando estoy en un restaurante cenando sola, pero creo que las miradas muchas veces las llevamos dentro, que no es tanto lo que nos miran, sino que es sentirse observada. Lo curioso es que un día, en Costa Rica, tuve una revelación: descubrí a una vieja amiga y nueva compañía que no era otra que yo. Fue una especie de reencuentro conmigo misma, y me di cuenta de que no podía estar más a gusto sin echar de menos a nadie. En todos los viajes he sentido un amor por la vida difícil de expresar.

Cada vez son más las mujeres que se animan a comenzar un viaje solas, y de hecho están surgiendo agencias y guías especializadas en ello. Y es que pocas cosas enriquecen más que descubrir hasta dónde podemos llegar para superarnos.


Almudena Ávalos



Relacionados: