lunes, 7 de julio de 2008

Saber decir


Textos del libro "Asertividad. Sé tú mismo sin sentirte culpable" de Eduardo Aguilar Kubli.


Existen diversas formas de decir las cosas que dependen del objetivo que perseguimos en cualquier interacción, pero en términos generales podemos señalar que la regla como expresión recomendable es la misma que nos gustaría que tuvieran los demás hacia nosotros.


Cuando alguien manifiesta su enojo, aprecio o desacuerdo preferimos que:



  • Se nos digan las cosas con respeto, sin sarcasmos, humillaciones o burlas.


  • Nos pidan las cosas en buen tono y con cortesía, no como mando.


  • Se nos señalen las cosas con objetividad, sin explosiones emotivas agresivas.


  • No se nos evalúe global y negativamente por un hecho inconveniente.


  • No se nos acuse o culpe de todo.


  • Que se nos hable directamente y con claridad respecto a lo que otros quieren o sienten.


  • Se nos comunique también lo que hacemos bien.


  • Se busque un acuerdo en lugar de tratar de hacernos sentir mal.


  • Nos soliciten información antes de que se concluya negativamente sobre las razones por las que hemos actuado de una u otra manera.


  • Entiendad también nuestra situación.

Reglas para saber decir


Los lineamientos que a continuación se describirán se basan precisamente en las preferencias que acabamos de enlistar, y deben adaptarse al propio estilo de ser para que la expresión sea genuina y no reflejo de un acartonamiento estudiado.


Expresión de deseos.


1. Siempre que sea posible evita que tu petición se interprete como demanda no negociable o mando agresivo.


2. Deja bien claro lo que quieres y siempre que sea posible especifica el grado de intensidad de tu deseo. Así podrás asegurarte de que te satisfagan adecuadamente si los demás lo deciden.


Expresión de sentimientos.


1. Siempre que puedas señala primero el comportamiento específico que encuentras negativo y después tu sentimiento. Esto ayudará a no crear reacciones muy defensivas en los demás.


2. Establece primero con precisión lo que sientes y exprésalo con claridad, reflejando también la intensidad de la emoción.


3. Nunca ataques la autoestima de las personas.


Expresión de sentimientos mezclados.


1. Expresar los mensajes como dos conjuntos separados, explicando el primero completamente antes de continuar con el segundo.


2. Si es oportuno, antes de iniciar la expresión del segundo conjunto, deja que la otra persona reaccione al primero.


3. Es importante dar clara información respecto a qué partes de la conducta son aceptables y cuáles no lo son, en lugar de quedarse callado.


Expresión de sensibilidad sin perder firmeza.


1. Se reconocen explícita y genuinamente los sentimientos, la situación, los derechos o las creencias de los demás, y después se expresa asertivamente la propia condición.


2. Recuerda que ser sensible a la situación de otra persona no es equivalente a estar de acuerdo o aceptar sus planteamientos.


Expresión de discrepancia.


1. Expresar objetivamente lo que la otra persona dijo que haría (el acuerdo), describir lo que en realidad hizo (el hecho), y qué es lo que usted desea.


2. Evite juzgar a la persona o tratar de que se sienta culpable, o adelantar conclusiones imaginando los peores motivos por no haber cumplido.


Expresión de sentimientos negativos y difíciles.


1. Expresar objetivamente la conducta de la otra persona que interfiere o afecta, cómo repercute ésta de forma concreta en tu vida, cómo te sientes y qué deseas.


2. Evite a las explosiones agresivas; no pierda la objetividad.


Es nuestra responsabilidad decir las cosas de forma tal que no violemos los derechos de los demás. Siempre existe una manera apropiada de expresión de los mensajes, cualesquiera que éstos sean. Ejercitarnos en la aplicación adecuada y darnos tiempo para pensar antes de hablar, ocupando ese lapso para pulir la forma de lo que se desea transmitir, es básico para la comunicación fructífera.


Puede suceder que a pesar de expresarnos adecuadamente y con respecto, no logremos cambio alguno o mejoría en el intercambio. Esto es lógico si se entiende que en el proceso de la relación humana intervienen muchos otros factores como son: saber escuchar, que exista la disposición del otro para comunicarse honestamente, que actuemos persistentemente asertivos, interferencia de valores, conflicto de intereses, variables de tipo emocional, barreras semánticas, etc.


Sin embargo la meta de la acción asertiva no se fundamente en ganar sino en mantener la comunicación provechosa. En el mediano y largo plazo las opciones para construir se amplían y facilitan si ha existido el esfuerzo presente para conservarse en el respeto.


Decir no, sin sentirse culpable.


Aprender a decir que no de una manera eficaz requiere primero un cambio de mentalidad respecto a todos aquellos pensamientos que hemos repetido durante mucho tiempo y que tienen el efecto de hacernos sentir culpables e inhibir nuestro poder para establecer límites.


Es importante reconocer que somos seres con energía limitada, que necesitamos aprender a priorizar y ordenar óptimamente. Para ello saber rehusar es una de las herramientas indispensables.


Decir que no tiene ventajas: permite dedicar mayor tiempo y energía a las situaciones o personas que más te gustan o necesitan, beneficiándote a ti y también a los demás.


Si sabes poner límites, también entenderás y respetarás más fácilmente un "no" de los demás como respuesta, y si al negarte lo haces con asertividad las repercusiones negativas que uno normalmente teme, en realidad se minimizan o eliminan, obteniendo más que rechazo, respeto.


Cuando no sabemos decir que no y la culpa nos domina, terminamos por hacer muchas cosas que no deseábamos, generándose con ello resentimientos y hasta ofensas posteriores que se expresan directa o indirectamente y que pueden llegar a ser muy agresivas. Esto representa una especie de paradoja, ya que inhibimos nuestros derechos a rehusar por el ánimo de no lastimar o perjudicar pero acabamos muchas veces hiriendo peor a otras personas.


Rehusar no significa rechazar a nadie como persona, sino poner límites. Si tememos que al decir no, los demás no volverán a pedirnos, podemos explicarles asertivamente en qué condiciones sí aceptaríamos.


También en ocasiones se piensa que rehusar a la petición de alguien significa que no nos importa. Sin embargo, es preciso entender que amistad no significa entrega ilimitada.


En otros casos se reflexiona de la siguiente manera: "Me duele tanto ver cómo se sentirá, que prefiero decirle que sí". Este pensamiento pierde de vista que aunque en el corto plazo sí pueden evitarse malestares, en el mediano y largo no será posible.


Para rehusar es preferible ser directo, sin dar excusas que en el fondo sólo buscan la aprobación de los demás y expresar su verdadera falta de deseo, explicación o razones por las que no quiere aceptar. Algunos ejemplos correctos serían:


"No, gracias"; "Entiendo que para ti es muy importante, aunque a mí no me gustaría"; "Prefiero que busques por otro lado, no quisiera que esperaras algo de mí en esta ocasión"; "Puedo recoger a tu hijo del colegio, pero no puedo llevarlo hasta tu casa"; "No quiero, por favor no insistas".


Si con frecuencia te sientes culpable por no saber decir que no pagas las consecuencias con malestar y tensión, revisa lo que entiendes por "respeto por sí mismo" y trata de aclarar tu posición antes de llevar a cabo una acción asertiva. Si no lo haces, puede suceder que en lugar de sentirte bien por comportarte afirmativamente, te autocastigarás aun cuando hayas reaccionado en legítima defensa.

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