lunes, 12 de mayo de 2008

Educarnos a lo largo de toda la vida

EDUCARNOS A LO LARGO DE TODA LA VIDA
  • El proceso de desarollo personal no finaliza nunca. Somos personas constantemente inacabadas y necesitamos estructurar de manera continuada todas nuestras dimensiones.
  • Educarnos toda la vida no significa sólo recibir formación intelectual. Significa convertir nuestras vivencias en conocimiento y aprender nuevas maneras más eficaces y gratificantes de relacionarnos, que nos permitan establecer lazos de afecto con los demás y realizar proyectos comunes.
  • Es necesario que seamos realistas. Las dimensiones emocionales y afectivas, como el resto de dimensiones, son educables, pero no se cambia nada de un día para otro. A veces los resultados de un proceso largo y complejo de entrenamiento pueden tardar años en observarse. Por eso no tenemos que dejar que prospere el desánimo si las cosas no nos salen como queríamos, ni a la primera ni a la segunda.
  • Debemos adoptar una actitud responsable y voluntaria de aprendizaje y convertir nuestra vida en formación.
  • También tenemos que cambiar la manera de concebir y de enfocar la formación. Debemos educar emocionalmente, y esto comporta que la formación no esté centrada en la información, sino en una acción que coordine lo que pensamos y lo que sentimos. Una formación intelectual impecable no garantiza una vivencia emocional ponderada ni una actitud ética solidaria. Es la creación de un clima emocional y humano propicio lo que puede dar un nuevo impulso a la educación.
  • La educación no es sólo para los alumnos (para los niños y para los jóvenes). Todas las personas necesitamos formarnos permanentemente y desarrollar habilidades cognitivas y socio-emocionales a lo largo de toda la vida. Padres, profesorado y adultos en general no podemos convertirnos en transmisores de saberes que no tienen ningún tipo de valor para el destinatario si no van acompañados de su propia vivencia y significación personal. Y no podemos colocarnos tampoco en la posición jerárquica que adoptamos a veces. También nosotros somos personas en crecimiento, y más especialmente aún en las dimensiones socio-emocional y afectiva, que a pesar de que se acostumbran a dar por terminadas a partir de la incorporación a la vida adulta y al mundo laboral, son aquellas en las que arrastramos un déficit mayor.
  • Muy a menudo para aprender no hay suficiente con tomar conciencia de lo que no sabemos o de lo que nos convendría saber.
  • En el caso concreto de las habilidades socio-emocionales conviene entrenarlas formalmente y transferir a la vida real los aprendizajes que vamos realizando, asumiendo al mismo tiempo el riesgo de equivocarnos y el compromiso de no desistir a pesar de las equivocaciones. Son un tipo de habilidades que aprendemos por aproximaciones sucesivas a los objetivos que previamente nos habíamos marcado. Estas aproximaciones no siempre serán lineales, sino que, aunque nos encontramos en una línea general de avance, ocasionalmente podemos experimentar retrocesos que en ningún caso deberían ser disuasorios.
  • Normalmente necesitan la observación directa o indirecta de un modelo, pero éste no debería promover la reproducción/imitación exacta, sino que tendría que otenciar la creatividad personal y la creación de un estilo propio.
  • La igualdad de oportunidades de la que tanto se habla en educación acostumbra a centrarse en los aspectos organizativos y académicos, y debería hacerse extensible también a los aspectos emocionales. Desde esta óptica, igualdad de oportunidades significa ayudar a cada ser humano a confiar en sí mismo y en los otros, y a vencer las resistencias que le pueden impedir una experiencia vital amplia y fecunda.
  • Vivir y educar las emociones en la línea que hemos propuesto promueve la igualdad sin anular la singularidad, en la medida en que enseña a cada individuo a obtener un beneficio de sus circunstancias únicas y particulares. Las personas con las que cada uno nos iremos encontrando y las situaciones que iremos viviendo no serán nunca idénticas a las de otro, ni tenemos que pretenderlo. Pero es evidente que no todos sabemos aprovechar por igual las oportunidades que cada persona y situación representan. A veces ni tan sólo las vemos, y no llegamos a ser conscientes de ellas ni capaces de valorar lo que representan o lo que podrían representar en su totalidad.
  • Por este motivo, tanto en los contextos educativos como en la vida real, necesitamos crear un clima afectivo y emocionalmente rico en estímulos para que cada individuo sea capaz de aprovechar y también de crear las oportunidades que necesita para alcanzar el máximo desarrollo y bienestar, respetando su propio ritmo y estilo personales.

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