sábado, 29 de noviembre de 2008

En busca de una segunda oportunidad por internet

Link a un muy humorístico y sarcástico artículo sobre el tema que os sacará la sonrisa a tod@s.

Pertenece a un magazine digital en su apartado de psicología.

viernes, 31 de octubre de 2008

Codependencia

Artículo publicado en:
http://www.saborysalud.com/content/articles/45/1/Codependencia/Paacuteginas1.html

CODEPENDENCIA

Laura ÁlvarezPsicóloga Clínica
mailto:Clínicalalvarez@saborysalud.com

¿Cuantas veces ha escuchado esta frase: “ nunca había sido tan feliz, estar enamorado es la fuente de mi felicidad” ? Pero, ¿qué sucede cuando esa relación se acaba?, mi mundo se desborda, y la felicidad desaparece. Eso sucede en las relaciones de codependencia, en las cuales se deposita en el otro que me haga feliz. Como lo menciona la autora Chiquinquirá Blandón en su libro Manual para Desenamorarse, “en las relaciones de codependencia la persona da más de sí mismo al otro, dedicando todo su tiempo y energía para mantener los estados de exaltación en su relación, trata cada día de consumir más dosis para ser feliz, entrando en el círculo vicioso del adicto, con sentimientos de exaltación cuando se está bajo los efectos del embriagante y bajos cuando el embriagante se retira.” Actualmente el término codependencia es muy sonado, es común escuchar hablar de relaciones codependientes, las cuales lejos de ayudarnos a crecer como seres humanos nos llevan a destruirnos. Las relaciones codependientes son aquellas en las cuales la vida de la persona gira alrededor de algo, o alguien, son personas que viven la vida de los otros como si fueran ellos mismos. Como lo define Melody Beattie en su libro Ya no seas Codependiente “los codependientes son aquellos que permiten que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona, y están obsesionados tratando de controlar esa conducta.” Son relaciones que producen esclavitud, como refiere el autor Walter Riso en su libro Amar o Depender, la palabra codependencia proviene de con(necesario)y dependiente(esclavitud) es ser compañero en una dependencia”. Dentro de las características de las personas codependientes se menciona que son controladoras, manipuladoras, indirectas, se les dificulta comunicarse, tienen dificultad para expresar emociones, generan sentimientos de culpa a las demás personas, son individuos que reaccionan ante las situaciones pero no resuelven, no son espontáneos pues tienen que tener las cosas bajo su control, sus relaciones generan ansiedad, y provocan que su vida dependa de otros y no de ellos mismos. Algunos autores hablan de que la codependencia es una enfermedad, otros refieren que los codependientes son “adictos afectivos, los cuales dependen de otros para vivir, buscan gratificación en los otros como los adictos a la droga. Son individuos que sienten un gran temor al abandono, necesitan aferrarse a otros inclusive aún cuando la compañía les cause dolor. Por otro lado el compañero del codependiente, estimula y propicia las conductas adictivas porque a la vez él es dependiente y las necesita para afirmarse a él mismo. Este tipo de conductas las ejecutan las personas sin darse cuenta, pues han sido conductas adquiridas a lo largo de su vida. Pero llega el momento en que uno de los dos empieza a romper este patrón, inicia el alejamiento y produce la crisis, lo que los lleva a cuestionarse, buscar ayuda y descubrir los patrones adictivos.

domingo, 26 de octubre de 2008

Constelaciones Familiares



Constelaciones Familiares es un trabajo de terapia sistémica descubierto y desarrollado por Bert Hellinger (foto al inicio del texto).

Básicamente, el trabajo en constelaciones familiares consiste en elegir representates para la persona que está realizando el trabajo y los otros implicados en el tema de que se trate, normalmente la familia de origen, es decir: padre, madre y hermanos/as. También puede tratarse de un sistema a nivel laboral u otros, o de un objeto ya sea concreto o abstracto (empresa, dinero, herencia, secreto, soledad, miedo, religión, etc...). Lo cierto es que todos los temas suelen pasar por la familia de origen en algún momento de la constelación, pues se parte de que la persona es mitad de su padre y mitad de su madre, y es por ahí por donde le llega la vida, y con ello, todo. Es decir, si una persona no acepta a su padre y a su madre, muertos o vivos, no puede tomar la vida, está cerrado a lo bueno de la vida. Así, una persona que cree estar realizando una vida independiente en un lugar lejano e incluso aislado de su familia, está reproduciendo una y otra vez lo que ocurre internamente en el sistema. Sólo hay un padre y una madre para cada persona, por mejores o peores que puedan parecer son sus padres, y sólo aceptándoles y dándoles "la honra", reconociendo que existimos gracias a ellos, podemos poner orden en todo lo demás, en realidad, en nuestro interior.



Hellinger describe ciertos órdenes para la energía que circula a través de la familia, para el amor. El trabajo gira en torno a la paz, el amor, el perdón como reconciliación. Se trata de devolver el equilibrio al sistema. Funciona según ciertas leyes de compensación por las cuales si el sistema (la familia a nivel global) se desequilibra, sufre un trauma, causa un trauma, etc., buscará el equilibrio de nuevo compensándose por otro lado. Así, un crimen cuyo perpetrador resulta impune, por muy secreto que sea en la familia, se cobra una víctima en los descendientes de dicho perpetrador, recobrándose el equilibrio. Víctimas y perpetradores quedan unidos y, aunque este tema concreto es bastante controvertido y puede funcionar de formas muy diferentes, con lo cual hay que ver qué movimiento está teniendo lugar en cada caso, sólo se podrá recobrar de nuevo el equilibrio cuando víctimas y perpetradores yacen juntos, cuando los perpetradores reconocen a sus víctimas como sus iguales (personas) y expresan su arrepentimiento.

Las energías excluidas tienen mucha fuerza en el sistema; los secretos familiares, en este sentido, son fuerzas muy fuertes que están causando un desequilibrio, aunque ninguno de los integrantes en la parte del sistema que se está tratando conozca siquiera su existencia. También aquellos miembros de la familia que han sido negados, pues todo miembro de la familia tiene derecho de pertenencia por el simple hecho de existir, no reconocerlo causa un desequilibrio de igual magnitud (cuando se habla de las típicas "ovejas negras", cuando un miembro abandona a su familia y forma una segunda familia en otra parte - por ejemplo, un marido que abandona esposa e hijos y tiene hijos con una segunda mujer en otro país -, etc.).



Otros hechos importantes a nivel sistémico son la pérdida del padre o la madre demasiado tempranas (menos de 20 años), un hermano o hermana muerta (ya sea durante el embarazo - compartido en caso de embarazos múltiples, muchos de ellos desconocidos para todos por perderse un segundo o tercer embrión en los primeros meses- o nacido y muerto joven. También hay que tener cuidado de que el siguiente hijo no venga a sustituirlo - sin darnos cuenta -, en ese sentido es desaconsejable poner el mismo nombre del difunto). El arrebatamiento de nuestros bienes o herencias, el expolio de un pueblo por parte de otro, la esclavitud, las guerras (toda persona que va a una guerra va a matar, quiera o no, hay muertos por ambos bandos, así que cuando hay una guerra, siempre pierden todos), cualquier abuso importante como los descritos anteriormente.

Ciertamente, es un trabajo muy curioso, su funcionamiento - explicado a nivel de física cuántica - lo diferencia del resto de terapias, claro está, tómese esto a nivel anecdótico y no como clave de su importancia o como objeto del mismo. Sí que puede ser útil en este nivel para expandir la conciencia, para ampliar nuestra imagen sobre la realidad que creemos que vivimos. De hecho, es como una representación de la realidad, tipo laboratorio en donde se recrea el funcionamiento de una parte concreta de la realidad con otros aparatos (en el caso de un laboratorio científico), etc. que se comportan como lo harían los fenómenos reales observados. Aquí sucede lo mismo, es muy interesante comprobar como los representantes se comportan igual que sus representados, a veces somatizando molestias corporales similares, diciendo frases típicas, reproduciendo sus gestos comportamentales, aun cuando no saben a quienes representan ni los conocen. La ventaja es que también devuelven (es lo primero que devuelven) el movimiento de la energía del sistema. El objeto del trabajo es traer a la conciencia de la persona la dinámica profunda, el movimiento a nivel del alma de la familia o situación de que se trate. En este sentido, nos muestra una especie de radiografía. La imagen cae en el alma de la persona que está constelando y ahí hará su trabajo, a veces con efectos muy rápidos en su vida, otras no. Trabaja hasta año o año y medio después de haberse realizado el trabajo. No es aconsejable comentar los resultados de una constelación con otras personas, interpretar o dejarse interpretar, etc. Hay que dejar que haga su trabajo en la oscuridad, que la semilla brote.




Se utilizan ciertas frases de orden, como:

"Yo soy la grande, tú la pequeña": Por ejemplo, una madre a una hija, cuando ésta ocupa su lugar, se responsabiliza de cosas impropias de su edad o toma su dolor. El dolor y la culpa también forman parte de la dignidad de la persona y debe llevar cada cual el suyo. Cuando otro miembro de la familia lo toma "por amor" debe devolverlo para restablecer el orden.

"Vosotros sois los grandes y yo el pequeño, vosotros dais y yo recibo" Por ejemplo, para un hijo a sus padres.

"Yo te doy la honra": Suele acompañarse de una reverencia.

"Lo siento": El perdón revierte sobre el otro la acción, el tener - encima - que perdonar, y libera al "culpable" de hacer nada; lo adecuado es "lo siento", así la acción, el trabajo, el sentir ese dolor o el movimiento interno lo lleva la persona que cometió el acto.

"Los niños siempre sois inocentes": Cuando nacemos, nuestra psique está totalmente desprotegida, abierta al mundo, y además nuestra supervivencia depende completamente de la pertenencia a la familia, para poder ser queridos, alimentados, cuidados, etc., así que por amor (infinito amor a nuestros padres, aunque externamente - ya más adultos - pensemos o manifestemos todo lo contrario es éste el movimiento interno) tomamos sobre nosotros su dolor por cosas completamente desconocidas para nosotros, puede que incluso para ellos, que lo hayan tomado a su vez de sus progenitores.

Todos estos equilibrios se traducen en nuestra realidad conocida como dolor, sentimiento de culpa, repetición de patrones de conducta por más que tratemos de hacer otra cosa, aprender para ello o incluso someternos a terapia conductual. Podemos pasar años dando vueltas en una consulta psicológica para desenredar algún área de nuestra vida sin poder conseguir realmente liberarnos de la pauta en sí. Este trabajo va "directo al grano", se va a mover lo que realmente sucede en el fondo, cosas en muchos de los casos totalmente desconocidos para la persona que realiza esta terapia, por lo cual es importante que recabe información de su historia familiar antes de comenzar, sobre todo de aquellos hechos importantes a nivel sistémico; también suele suceder que a medida que realiza el trabajo sorprendentemente le va llegando esa información o se desvela algo que llevaba años tapado.

Cuando se consigue deshacer un enredo familiar de este tipo en una constelación, todos experimentan alivio, luego se van produciendo los cambios de forma natural. También para las personas representadas que no están allí, incluso aunque estos desconozcan que se está realizando este trabajo.

Personalmente, he participado en varios talleres de constelaciones familiares, a cargo de Rocío Palacios y Alexander Poraj, ambos magníficos profesionales. Los resultados siempre han sido positivos y esclarecedores; la experiencia profunda y duradera.

Fragmentos de "La paz inicia en el alma", Bert Hellinger, editorial Herder:

"¿Cuál es el significado de paz?

La paz es:
  • La reunificación de cosas opuestas.

  • El reconocimiento por ambos bandos de todo lo que previamente estaba excluido.

  • Cuando la fuente de las batallas, las heridas, las guerras, o aun quizá la extermianción, guarda luto por las víctimas de ambos bandos y se aflige por el sufrimiento que se han infligido mutuamente.

La paz inicia en tu alma

Todo lo que anteriormente hemos juzgado, lamentado y reprimido en nosotros mismos, ahora puede tomar su lugar por derecho junto a todo lo que hemos aprobado. Puede ser reconocido - incluso amado - por su significado, sus consecuencias y sus contribuciones en nuestro crecimiento.

Esto nos exige dejar atrás el ideal de la inocencia. La inocencia no nos reta ni nos apoya, y prefiere sufrir y no actuar; prefiere permanecer como niño en vez de crecer.

La paz continúa en la familia

Muchas familias procuran mantener la inocencia y están, por ejemplo, demasiado preocupadas con las apariencias (...). Se ocultan y se reprimen, e incluso eliminan cualquier cosa que ponga en peligro su ideal de inocencia. En la lucha por permanecer inocentes engendran su propia culpa. (...)

La paz en familia no es simple y cómoda. Los que desean la paz y la buscan, deben afrontar dificultades, dolor y culpa. Deben encontrar un lugar en su alma para cada miembro de la familia, aun para aquellos que no entran en el ideal o los límites aceptables de la famlia. (...)

La paz nunca está completa ni terminada

La paz eterna, que muchos sueñan, sería estancamiento. Sin embargo, la paz sí lleva algo a su final: eso que anteriormente exigía energía para el conflicto, se retrae con naturalidad. Es importante permitir que el conflicto se retraiga, o se reactivará después de haber sido resuelto. ¿Qué reactiva el conflicto? Los recuerdos. Por eso ebe permitirse a lo que ya pasó que descanse en paz.

(...)

En las constelaciones familiares, el trabajo de reconciliación inicia en el alma del individuo y en la de la familia. Cuando allí se logra reconciliar, entonces puede extenderse a grupos y contextos más grandes. Por eso tenemos que permanecer modestos y concientes de nuestras limitaciones cuando hacemos constelaciones familiares. Una paz buena y perdurable está más allá del alcance de nuestras buenas intenciones. Cuando ocurra, la experimentaremos como un regalo."



El amor en la pareja.


Extracto de entrevista a Bert Hellinger publicada en la revista "Mente sana", nº41.

"Los 3 pilares del amor en pareja:

Aceptación.

Significa querer sin imágenes preconcebidas de cómo debería ser la otra persona. Cada uno es una obra de arte perfecta. El sí, como aceptación, es la base de la relación de pareja. Cada mirada, cada gesto, ha de transmitir nuestro agrado.

Sentimiento.

"Por favor" es una expresión poderosa. Unida a un tono sincero, cualquier frase que la contenga predispone a actuar con el corazón, con sentimiento. Además, permite al otro hacer algo por nosotros y eso repercute también en su bienestar.

Generosidad.

Dar las gracias no es sólo una formalidad, indica también reconocimiento, agraecimiento y generosidad. Si convertimos en un hábito el dar las gracias al otro por el cariño que recibimos, la vibración de la relación amorosa aumenta.



Cita de Bert Hellinger en "Lograr el amor en la pareja", editorial Herder y Paidós (Johannes Neuhauser -ed.-):

"Lo perfecto no ejerce ninguna atracción sobre nosotros. Descansa en sí mismo, lejos de la vida normal. Únicamente podemos amar lo imperfecto."


Libro recomendado (aparte de los que recogen el trabajo de Bert Hellinger, pueden encontrarse algunos de ellos en el enlace con su bibliografía):



Enlaces:

Asociación española de Constelaciones Familiares.

Página principal de Bert Hellinger.

Páginas españolas sitio oficial Bert Hellinger.

Bibliografía de Bert Hellinger.

Asociación Europea de Consultoría Sistémica.

constelaciones-familiares.org

Instituto Francés de Constelaciones Familiares y Sistémicas.








Constelación Familiar con Idris Lahore - Parte I (francés subtitulado en inglés)









Constelaciones Familiares con Idris Lahore - Parte II (francés subtitulado en inglés)


Enlaces en España sobre Constelaciones Familiares (Cecilio Rojo)

Origen e historia de las constelaciones familiares (artículo)

Constelaciones familiares - Vedanta Suravi









Vedanta Suravi - Relaciones de pareja

Institut Gestalt

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Hijos de una segunda oportunidad


(Artículo aparecido en revista de Psicología - no dispongo del nombre de la publicación - escrito por Beatriz San Román)



Es frustrante para muchas nuevas parejas

no lograr una mínima armonía con los hijos

del otro. No es fácil, requiere mucha calma,

pero sobre todo necesita tiempo y mucho

respeto para inventar nuevas costumbres,

nuevos ritos que no excluyan a nadie de casa





Paralelamente al aumento de los divorcios crece el número de familias en las que al menos uno de los miembros de la pareja aporta hijos de una relación anterior. Le llaman familias reconstituidas, grupos familiares en los que los roles no están predefinidos. A los retos que conlleva la convivencia en pareja se une el de establecer nuevas reglas del juego que satisfagan las necesidades de grandes y pequeños. Para los niños, no suele ser fácil aceptar la irrupción en sus vidas del novio de mamá o la nueva mujer de papá. Para los adultos, tampoco lo es encontrar su papel en la vida de los hijos del otro.


No existen reglas ni recetas mágicas sobre cuánto o cómo implicarse en la vida de los hijos de la pareja. En gran parte depende de si los niños viven o no en la misma casa, o de la presencia o ausencia del otro progenitor. Incluir a los hijos del otro puede ser muy enriquecedor, pero son excepcionales los casos en que todo fluye con suavidad desde el primer día.


Una de las primeras dificultades suele venir por un factor difícil de controlar: los propios sentimientos. Natalia tiene 36 años y dos hijas gemelas que acaban de empezar la escuela primaria. Conoció a Javier - divorciado también y padre de Mateo, de 9 años, cuya custodia comparte con su ex mujer - en una convención organizada por la empresa para la que ambos trabajan.


"Javier es un hombre sensible y positivo, y un padre responsable. Nuestros hijos parecían congeniar, así que cuando decidimos casarnos, pensé que sería maravilloso construir un hogar en el que pudiéramos ayudarles a crecer juntos. Pero nada ha sido como esperaba. Las niñas no acaban de adaptarse a la nueva situación, y me colocan continuamente entre la espada y la pared, como si cada palabra que les dedico a ellos fuera una traición. Para su hijo, soy la mala de la película, la que ha desmontado su vida y le está robando a su padre. Pasan días sin que me mire o me dirija la palabra, y cuando lo hace siempre es en un tono agresivo y desafiante. Me siento mezquina, porque se supone que tendría que querer al hijo de mi marido, pero cada día lo soporto menos". Natalia se siente culpable porque ama a su marido, pero se siente incapaz de amar al pequeño Mateo.


Quererse lleva tiempo


Es lo mismo que les ocurre al principio a buena parte de los hombres y las mujeres que deciden asumir el compromiso de educar como propios a los hijos de su pareja: les inunda la culpa cuando descubren que no los quieren.


El amor no es algo que podamos imponernos como un deber o una responsabilidad. Y no es instantáneo, necesita cimentarse en bueno recuerdos compartidos y en infinidad de pequeñas experiencias cómplices. Vincularse afectivamente requiere tiempo, por lo que nadie debería sentirse culpable por no amar a alguien a quien apenas conoce. Sin embargo, no se necesita querer a un niño para ser una buena influencia en su vida. Los niños necesitan de los adultos apoyo incondicional, cariño y seguridad. Aunque no podamos definir como amor lo que sentimos hacia ellos, tenemos mucho que ofrecer para contribuir a su salud, su bienestar y su felicidad.


El inicio de la convivencia suele marcar un punto de inflexión en la relación con "los hijos del otro". Incluso cuando en la fase previa de la relación parecía haberse establecido una buena conexión, lo más probable es que empezar a vivir bajo el mismo techo la deteriore. Para los niños que han vivido ya una ruptura familiar, suele ser especialmente difícil. No entienden un nuevo cambio que les viene impuesto y que a sus ojos tiene claramente más inconvenientes que ventajas. El tiempo que pasan con su padre o madre deben ahora compartirlo con esa nueva persona. Para colmo, la opinión de ese entrometido tiene mucho más peso en las decisiones que les afectan que las suyas propias. Se sienten celosos, ninguneados e inseguros, ¡y tienen claro quién es el culpable! No es sorprendente que se resistan a mostrarse simpáticos o cordiales.


Por otro lado, muchos niños fantasean con la idea de que sus padres se reconciliarán un día y serán de nuevo una familia feliz. Mientras el intruso aparecía sólo de vez en cuando no era un amenaza; ahora que está aquí para quedarse echa por tierra las esperanzas de ese soñado final de cuento de hadas. Puede incluso que el ex o la ex les transmita su resentimiento y su antipatía hacia el recién llegado; o puede que, si éste les cae bien, se sientan culpables, como si estuvieran traicionando a aquél o aquélla.


Con frecuencia pasan las semanas y los meses y la situación no parece mejorar. Los adultos tratan de poner todo de su parte y se sorprenden al ver que por mucho que se esfuercen no pueden ganarse el cariño de los niños. Clara, que desde hace dos meses convive con su pareja, lo expresa de esta manera: "Sus hijos esperan que haga por ellos todo lo que su madre hace, que les prepare el desayuno, les lleve a los partidos de fútbol, tenga su ropa a punto, etcétera, pero a cambio sólo consigo que la mayor parte del tiempo me ignoren. ¡Me siento como una criada!". Marcos, que ha asumido responsabilidades financieras, prácticas y emocionales respecto a la educación de la hija de la mujer con la que vive, se siente igualmente resentido: "Estoy ahí para lo que haga falta, pero cuando estamos los tres juntos, me hacen sentir como un extraño. No tengo voz ni voto en las decisiones, y si corrijo en algo a la niña, mi compañera salta inmediatamente en su defensa".


Los niños pueden necesitar muchos meses para comprender que el nuevo componente de la familia no es un enemigo que batir, sino alguien en quien se puede confiar y del que recibirán apoyo y cariño. Es una fase difícil. Los padres se encuentran atrapados entre los celos y la rabia de los pequeños y la demandas de apoyo de sus parejas; éstas se sienten dolidas porque, por mucho que se entreguen, no consiguen que dejen de odiarlas o ignorarlas.


El respeto, el inicio del camino


No podemos exigir a los niños que sientan amor o cariño, pero desde el primer momento debe quedar claro que sí están obligados a tratar al nuevo inquilino con cordialidad. El padre o la madre debe dejar claro que, como cualquier otra persona, merece un respeto y no es admisible tratarla con malos modos. Funcionar como un grupo compacto unido por una red de afecto y confianza llevará tiempo, pero el respeto es siempre el punto de partida.


La sombra del padre o la madre ausente puede ser sentida como una amenaza por las dos partes. La adulta debería enfrentar sus sentimientos y asumir que, aunque nunca sustituirá esa figura en el universo afectivo del menor, puede construir con él una relación especial y enriquecedora para ambos. El corazón es un lugar muy grande, donde no hace falta sustituir un afecto para colocar otro. Por el bien de la relación - y por respeto al niño -, conviene abstenerse de criticar en su presencia a las personas que él ama y reafirmarle en que sabemos que su amor por ellas es correspondido.


Ante un comentario del tipo "mi madre dice que eres una egoísta", mejor respirar hondo y tratar de encontrar una respuesta que contrarreste la información sin desacreditar la fuente. "Entiendo que tu madre piense eso" puede ser una forma de empezar. Evitando en todo momento realizar cualquier comentario negativo o crítico hacia sus padres y animándole a pasar tiempo con ellos dejamos claro que no competimos con las personas que para él son importantes y sentamos las bases para hacernos dignos de su confianza.


Redefinir las reglas del juego


La familia es, por definición, el lugar donde uno se siente seguro, querido y apoyado. La llegada de un nuevo miembro produce una situación extraña en la que es normal que se genere tensión. Esperar que los niños se desenvuelvan en ella con soltura no sólo resulta injusto, también es el camino directo hacia la frustración.


Es esencial que los adultos dialoguen y lleguen a un consenso sobre las normas con que se regirá la vida en el hogar. Dar por sentado que se tienen ideas similares respecto a este tema suele ser un error. Para uno puede resultar intolerable caminar descalzo por la casa o saltar en el sofá, para el otro tal vez eso no tenga mayor importancia, pero en cambio le resulte inadmisible elevar el tono de voz. Cuando grandes y pequeños tienen claro qué tareas son responsabilidad de cada cual, qué comportamientos resultan inaceptables y cuáles son las normas de funcionamiento - horarios de tele, de video consola -, se evitan muchas tensiones y conflictos.


Es importante que la pareja aparque el intercambio de pareceres para cuando se encuentre a solas. Si los niños intuyen que no existe un frente común y sólido, aprovecharán las grietas para intentar salirse con la suya, manipulando las diferencias de criterio para enfrentar a uno contra otro. Dejar claras las reglas del juego es el primer paso para eliminar las tiranteces y construir un entorno aceptable para todos: cuanto más claros estén los límites, más fluida resultará la convivencia.


Las consecuencias o castigos que aplicar ante un mal comportamiento acostumbrar a ser un punto de fricción en los primeros años, sobre todo con los pequeños que ya no lo son tanto. Siempre que sea posible debería decidirlos el padre o la madre del niño, ya que así funcionan mucho mejor y además se evita que se rebele o acumule resentimiento. En las situaciones en las que no se encuentre presente, su pareja debería situarse simplemente como "el adulto a cargo de la situación". Aun así, es previsible que en algunos momentos muestren su rechazo al grito de "tú no eres mi madre" - o "mi padre" -. Es necesario aclararles que, efectivamente, no lo somos ni pretendemos reemplazarla o reemplazarlo, pero sí esperamos que sigan las normas cuando están con nosotros.


Convivir con alguien que nos ignora o que se muestra abiertamente hostil puede resultar agotador. Recordar que no es algo personal ayuda a mantener la cabeza fría y a tratarlo siempre con respeto, como deseamos ser tratados nosotros.

Hacer las paces con el pasado PARA VOLVER A SER FELICES

Artículo aparecido en revista (no dispongo del nombre de la publicación) escrito por Claudia Stern, licenciada en Psicología.
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La separación y la muerte de la persona amada son dos situaciones muy difíciles de superar. Sin embargo, no hay nada ni nadie que diga que no se puede volver a construir lo que se derrumbó.

¿Cómo?

En primer lugar, encontrando la paz interior que le permitirá hallar el camino hacia la felicidad.

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¿Le cuesta pensar en volver a empezar? ¿Le da temor volver a enamorarse? ¿O tal vez tenga miedo de no volver a ser feliz? Afortunadamente, en la vida siempre hay segundas, terceras o cuartas oportunidades. Todas las personas las tienen, pero sólo algunas se permiten buscarlas o darles entrada nuevamente en su existencia.
Darse otra oportunidad
En lo que se refiere a una pareja, la decisión de dar por terminada una relación es una de las más difíciles de la vida y se suele creer que, encontrando al culpable, se hace más fácil. En realidad, es una tarea totalmente inútil e injsta. Hay que reconocer que una etapa ha terminado y que más que culpables, cada uno deberá hacerse cargo de su cuota de responsabilidad, aprender de las equivocaciones y, en lo posible, no volver a repetirlas, teniendo presentes los buenos recuerdos que han sobrevivido al "naufragio".
Solamente rescatando las buenas experiencias es posible hacer las paces con el pasado. Nada es eterno. Nuestra vida siempre pasa por etapas. Cuando termina una, suele comenzar otra que puede ser mejor que la anterior si uno se permite disfrutarla.
Cuando insistimos en mantener una relación que no funciona, nos debilitamos, perdemos la alegría, nos desvitalizamos, se nos achica el horizonte. Generalmente, solemos pagar ese precio para evitar una soledad que en realidad ya está instalada aunque no podamos verla.
El duelo obligado
Más difícil que superar una separación de pareja es el superar la muerte de uno de sus miembros, dado que genera un sentimiento de tristeza, impotencia, rabia y riesgo de idealizar a la persona perdida.
Siempre hay que afrontar el duelo que se presenta, elaborar la pérdida del ser querido y no sentirse culpable por seguir viviendo y deseando, o temor de olvidarse de la persona amada.
Luego, aparecerán nuestras dudas sobre nuestra capacidad de poder volver a querer, que son solo barreras tras las cuales nos refugiamos para protegernos.
El derecho a la felicidad
A veces, suele asustarnos ser felices, aunque todos tenemos la necesidad natural de sentir que nos quieren y esa misma necesidad nos empuja a buscar una pareja.
Es importante no forzar situaciones ni intentar cambiar el curso de los acontecimientos, sino observar, descubrir, conocer a la otra persona antes de tomar decisiones fundamentales.
Recordar que el coqueteo es un magnífico ingrediente del amor. El mostrarse receptivo y mantener cierto grado de misterio suelen atraer la atención y despertar el deso... y, si no se sabe cómo se hace, siempre se está a tiempo de aprender. Saber esperar, desear sin acosar, no quemar etapas y darse tiempo para que se aclaren los sentimientos son claves para fundar un nuevo vínculo. Ser diferentes unos de otros es lo que nos enriquece y nos permite complementarnos; no es motivo para no ser feliz, aunque puede suceder que la felicidad no dure para siempre, pero... ¿quién nos quita lo bailado?

domingo, 7 de septiembre de 2008

Las mujeres que aman demasiado

(Nota: vale lo mismo para los hombres que aman demasiado).


Escrito por Robin Norwood, editorial Grupo Zeta.



Prólogo.


Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con "él...", estamos amando demasiado.

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

Cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que lo ayudarían a él, estamos amando demasiado.

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que, si tan sólo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá, nuestra salud e integridad física, sin duda estamos amando demasiado.


Fragmentos.

En este libro, al igual que en tantos libros de "autoayuda", hay una lista de pasos a seguir a fin de cambiar. Si usted decide que realmente desea seguir esos pasos, necesitará - como en todo cambio terapéutico - años de trabajo y nada menos que su dedicación total. No hay atajos para salir del patrón de amar demasiado en el que usted está atrapada.

(...)

Amar demasiado no sifnifica amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad, significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión "amor", permitiendo que esta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento.

(...)

Es el grado de secreto - la incapacidad de hablar sobre los problemas -, más que la severidad de los mismos, lo que define el grado de disfuncionalidad que adquiere una familia y la gravedad del daño provocado a sus miembros.

Una familia disfuncional es aquella en que los miembros juegan papeles rígidos y en la cual la comunicación está severamente restringida a las declaraciones que se adecuan a esos roles. Los miembros no tienen libertad para expresar todo un espectro de experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia. En todas las familias hay papeles, pero a medida que cambian las circunstancias, los miembros también deben cambiar y adaptarse para que la familia siga siendo saludable. De esa manera, la clase de atención materna que necesita una criatura de un año será sumamente inadecuada para un adolescente de trece años, y el papel materno debe alterarse para acomodarse a la realidad. En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los papeles permanecen rígidos.

Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo - es más, cuando tales temas son prohibidos en forma implícita (se cambia el tema) o explícita ("¡Aquí no se habla de esas cosas!") - aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Y eso deteriora severamente el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones. Es ese deterioro básico lo que opera en las mujeres que aman demasiado. Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos repelen, porque no tenemos manera de evaluarlas en forma realista o autoprotectora.

(...)

Características típicas de mujeres que aman demasiado:

1. Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales.


2. Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a hombres que parecen, de alguna manera, necesitados.


3. Debido a que usted nunca pudo convertir a su(s) progenitor(es) en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de hombres emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar, por medio de su amor.


4. Como le aterra que la abandonen, hace cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.


5. Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si "ayuda" al hombre con quien usted está involucrada.


6. Acostumbrada a la falta de amor en las relaciones personales, usted está dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.


7. Está dispuesta a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.


8. Su amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no cree merecer la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar de la vida.


9. Necesita con desesperación controlar a sus hombres y sus relaciones, debido a la poca seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de "ser útil".


10. En una relación, está mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de su situación.


11. Es adicta a los hombres y al dolor emocional.


12. Es probable que usted esté predispuesta emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicta a las drogas, al alcohol y/o ciertas comidas, en particular los dulces.


13. Al verse atraída hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo misma.


14. Es probable que usted tenga una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que proporciona una relación inestable.


15. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Estos hombres "agradables" le parecen aburridos.

(...)

Es verdad en todos nosotros que, cuando sucede algo emocionalmente doloroso y nos decimos que la culpa es nuestra, en realidad estamos diciendo que tenemos control sobre ello: si nosotros cambiamos, el dolor desaparecerá.

(...)

La gente hambrienta (Desesperadamente hambrienta de amor y aprobación, y familiarizada con el rechazo) hace malas compras.


(...)


Antes de su recuperación, una mujer que ama demasiado, por lo general:


1. Pregunta "¿Cuánto me ama (o necesita)?" y no "¿Cuánto lo quiero?"


2. La mayoría de sus interacciones sexuales con él están motivadas por "¿Cómo puedo hacer que me ame (o necesite) más?"


3. Su impulso de entregarse sexualmente a otros a quienes percibe como necesitados, puede dar como resultado una conducta que ella misma considera promiscua, pero esta apunta principalmente a la gratificación de otra persona, en lugar de a ella misma.


4. El sexo es una de las herramientas que usa para manipular o cambiar a su pareja.


5. A menudo las luchas de poder de la manipulación mutua le parecen muy excitantes. Se comporta en forma seductora para conseguir lo que quiere y se siente estupendamente cuando da resultado y muy mal cuando no es así. El hecho de no obtener lo que quiere por lo general la lleva a esforzarse más.


6. Confunde angustia, miedo y dolor con amor y excitación sexual. A la sensación de tener un nudo en el estómago la llama "amor".


7. Se excita a partir de la excitación de él. No sabe sentirse bien por sí misma; de hecho, se siente amenazada por sus propios sentimientos.


8. A menos que tenga el desafío de una relación no gratificante, se vuelve inquieta. No la atraen sexualmente los hombres con quienes no lucha. En cambio, los llama "aburridos".


9. A menudo forma equipo con un hombre de menor experiencia sexual, para poder sentirse en control.


10. Anhela la intimidad física, pero debido a que teme verse envuelta por otro y/o abrumada por su propia necesidad de afecto, sólo se siente cómoda con la distancia emocional creada y mantenida por la tensión de la relación. Se vuelve temerosa cuando un hombre está dispuesto a acompañarla emocional y sexualmente. Huye de él o bien se aleja.


(...)


Hacen falta intereses comunes, valores y objetivos comunes, y capacidad para una intimidad profunda y duradera si se desea que el encantamiento erótico inicial de una pareja a la larga se transforme en una devoción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo.


(...)


El precio que pagamos por la pasión es el miedo, y el mismo dolor y el mismo miedo que alimentan al amor apasionado también pueden destruirlo. El precio que pagamos por un compromiso estable es el aburrimiento, y la misma seguridad y la solidez que cimentan una relación así también pueden hacerla rígida y sin vida.


(...)


Por otra parte, nuestra cultura otorga un viso romántico al sufrimiento por amor y a la adicción a una relación (canciones populares, ópera, literatura clásica, telenovelas...)


(...)


Necesitamos desarrollar conscientemente una forma de relacionarnos con más madurez y abierta que la que parece apoyar nuestro medio cultural, para poder cambiar el torbellino y la excitación por una intimidad más profunda.


(...)


Esta clase de carga - las chispas, la atracción, el impulso de estar con esa otra persona y de hacer que la relación funcione - no está presente en la misma medida en las relaciones más saludables y satisfactorias, porque no representan todas las posibilidades de saldar viejas cuentas y de prevalecer sobre lo que una vez fue abrumador. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.


(...)


La ayuda es el lado soleado del control.


(...)


El patrón de desarrollar relaciones en las cuales su papel es comprender, alentar y mejorar a su pareja es una fórmula muy utilizada por las mujeres que aman demasiado, y por lo general produce exactamente lo contrario al resultado esperado.


(...)


"Al principio yo estaba tan vacía que sentía como si el viento me atravesara. Pero con cada decisión que tomaba por mí misma, ese vacío comenzaba a llenarse un poco más. Tenía que averiguar quién era yo, qué me gustaba y qué no, qué quería para mí y para mi vida. No podía averiguar esas cosas a menos que tuviera tiempo para mí sola, sin nadie en quien pensar y por quien preocuparme, porque cuando había otra persona cerca yo prefería dirigir su vida en lugar de vivir la mía".


(...)


Para la mujer que ama demasiado, la práctica de la negación, magnánimamente expresada como "pasar por alto los defectos de él" o "mantener una actitud positiva", oculta la forma en que los defectos de él le permiten ejercer su papel deseado. Cuando el impulso de controlar se disfraza bajo la actitud de "ser útil" y "brindar apoyo", nuevamente lo que se ignora es la propia necesidad de superioridad y poder implícitos en esta clase de interacción.


Es necesario que reconozcamos que la práctica de la negación y el control, en cualquier forma que se los llame, no conduce a mejorar nuestra vida ni nuestras relaciones. Más bien, el mecanismo de la negación nos lleva a relaciones que permiten la representación compulsiva de nuestras viejas luchas, y la necesidad de controlar nos mantiene allí, tratando de cambiar a otra persona en lugar de cambiar nosotras mismas.


(...)


La verdadera aceptación de un individuo tal como es, sin tratar de cambiarlo mediante el aliento, la manipulación o la coacción, es una forma muy elevada del amor y, para la mayoría de nosotros, resulta muy difícil de practicar. En el fondo de todos nuestros esfuerzos para cambiar a alguien hay un motivo básicamente egoísta, una creencia de que a través de ese cambio seremos felices. No hay nada malo en desear ser felices, pero colocar la fuente de esa felicidad fuera de nosotros mismos, en las manos de otra persona, significa que evitamos nuestra capacidad y nuestra responsabilidad de modificar nuestra propia vida para bien.


(...)


Para que la esposa de un adicto al trabajo esté libre para vivir una vida plena, haga lo que haga su esposo, debe llegar a creer que el problema de él no es el suyo, y que no está en su poder, ni es su deber, ni su derecho cambiarle. Debe aprender a respetar el derecho que tiene él de ser quien es, aun cuando ella desee que sea distinto.


Al hacerlo, ella quedará libre: libre de resentimiento por la inaccesibilidad de él, libre de culpa por no ser capaz de cambiarle, libre de la carga de tratar incansablemente de cambiar lo que no puede. Con menos resentimiento y culpa es probable que ella empiece a sentir más afecto hacia él por las cualidades que sí aprecia.


Cuando ella deje de tratar de cambiarlo y reencauce su energía al desarrollo de sus propios intereses, experimentará cierto grado de felicidad y satisfacción, sin importar lo que él haga. A la larga quizá ella descubra que sus objetivos son suficientemente gratificantes y que puede disfrutar una vida plena y satisfactoria sola, sin mucha compañía de su esposo. O bien, a medida que se vuelva cada vez menos dependiente de él para su felicidad, ella puede decidir que su compromiso con un hombre ausente no tiene sentido y puede decidir proseguir su vida sin el constreñimiento de un matrimonio insatisfactorio. Ninguno de estos dos caminos es posible, mientras ella necesite que él cambie para ser feliz. Hasta que lo acepte tal como es, estará congelada en animación suspendida, esperando que él cambie para poder empezar a vivir su vida.


Cuando una mujer que ama demasiado se da por vencida en su cruzada de cambiar al hombre de su vida, entonces él queda solo para reflexionar en las consecuencias de su propio comportamiento. Como ella ya no está frustrada ni infeliz, sino que cada vez se entusiasma más con la vida, se intensifica el contraste con la existencia de él. Él puede elegir luchar por desembarazarse de su obsesión (...) o quizá no.


(...)



El camino hacia la recuperación.


1. BUSQUE AYUDA.


Hacer algo, dar el primer paso, extender la mano. Deje a su pareja fuera del asunto, no lo amenace.


Abandone de forma temporal la idea de que puede arreglárselas sola. Busque un terapeuta, ingrese en un grupo de autoayuda.


No ponga fin a la relación si la tiene, a medida que siga estos pasos, del uno al diez, la relación se encargará de sí misma.

2. HAGA QUE SU RECUPERACIÓN SEA LA PRIMERA PRIORIDAD EN SU VIDA.

Requiere un compromiso total con usted misma. Esto la ayudará a valorar y promover su propio bienestar.

Lea libros sobre el tema, vaya a conferencias, averigüe... Con la comprensión viene la oportunidad de elegir. A mayor comprensión, mayor libertad.


Requiere la voluntad de invertir tiempo y dinero en recuperarse.


Suspenda el uso de sustancias que alteran la mente durante el período de recuperación, pues le impedirán experimentar totalmente las emociones que aflorarán en usted. La mayor parte del "trabajo" de terapia ocurre durante las horas en que usted no está en el grupo ni en la sesión.


3. BUSQUE UN GRUPO DE APOYO INTEGRADO POR PARES QUE LA ENTIENDAN.

Un grupo es un lugar donde trabajar para su propia recuperación.

La empatía sola no provocará la recuperación. Un buen grupo de apoyo se dedica a ayudar a mejorar a todas las que asisten e inclusive a algunos miembros que han logrado cierto grado de recuperación y que pueden compartir con las recién llegadas los principios por los cuales lo lograron.

Asuma un compromiso, asista a un mínimo de 6 reuniones antes de decidir que el grupo no tiene nada que aportarle. Debe ser regular, sentir cierto nivel de confianza y ser sincera.

Al identificarse con las demás y aceptarlas a pesar de sus defectos y secretos, usted podrá aceptar más esas características y sentimientos en usted misma.

Existe además un elemento importante: el humor.


4. DESARROLLE SU LADO ESPIRITUAL MEDIANTE LA PRÁCTICA DIARIA.

Significa distintas cosas para las distintas personas. Incluye cualquier cosa que la lleve más allá de sí misma, hasta una perspectiva más amplia de las cosas. Averigüe qué es lo que le da paz y serenidad y dedique un poco de tiempo, al menos media hora diaria, a esa práctica.

Hay más fuerza en el grupo que la que pueda tener cualquiera de ustedes por separado.

5. DEJE DE MANEJAR Y CONTROLAR A LOS DEMÁS.

6. APRENDA A NO "ENGANCHARSE" EN LOS JUEGOS.

Los juegos son formas estructuradas de interacción que se emplean para evitar la intimidad.

Los papeles que juegan las mujeres que aman demasiado y sus parejas son variedades de las posiciones de rescatador, perseguidor y víctima.

Reaccione en una forma que ponga fin al juego. Dado que nadie puede mantener dos pensamientos distintos al mismo tiempo, Mary descubrió que al dedicar sus pensamientos a las palabras tranquilizadoras de la afirmación, se calmaba e incluso se relajaba.

Ahora usted debe desarrollar nuevas maneras de comunicarse con usted misma y con los demás, maneras que demuestren su voluntad de asumir responsabilidad por su vida.

Necesitará toda la energía liberada al renunciar al hecho de dirigir y controlar a los demás (punto 5).

7. ENFRENTE CON CORAJE SUS PROPIOS PROBLEMAS Y DEFECTOS.


Examine a fondo su vida actual, tanto lo que la hace sentir bien como lo que la hace sentir incómoda o infeliz. Examine el pasado, recuerdos, logros, fracasos. Examínelo todo por escrito.

8. CULTIVE LO QUE NECESITE DESARROLLAR EN USTED MISMA.


No esperar el apoyo de él. Actúe como si no tuviera nadie más que usted misma en quien apoyarse. Cubra todas las contingencias sin usarlo a él como recurso (¡ni como excusa!).

Actúe en pro de sus intereses. Corra riesgos (conocer gente, volver a un aula...)

De vez en cuando tendrá que enfrentar el terrible vacío que aflora cuando usted no está concentrada en otra persona. Permítase sentirlo, en toda su intensidad (de otro modo, usted buscará otra manera dañina de distraerse). Abrace el vacío y sepa que no siempre se sentirá así, y que con sólo estarse quieta y sentirlo comenzará a llenarlo con la calidez de la autoaceptación.

9. VUÉLVASE "EGOÍSTA".

Al comenzar a ponerse en primer lugar, usted debe aprender a tolerar la ira y la desaprobación de los demás. No discuta, no se disculpe ni trate de justificarse. Manténgase lo más serena y alegre que le sea posible y siga con sus actividades.

10. COMPARTA CON OTROS LO QUE HA EXPERIMENTADO Y APRENDIDO.

Eso no significa aconsejar, sino sólo explicar lo que dio resultado para usted.

Usted podría sufrir una recaída sin una vigilancia constante. Trabajar con recién llegadas contribuye a mantenerla en contacto con el grado de enfermedad que tuvo una vez, y con lo mucho que ha progresado. Evita que usted niegue lo malo que fue en realidad, porque la historia de una recién llegada será muy parecida a la suya, y usted recordará con compasión, por ella y por usted misma, cómo era.

...............

La recuperación es un proceso de por vida y una meta que luchamos por alcanzar, no que logramos de una vez por todas.
Características de una mujer que se ha recuperado de amar demasiado:
1. Se acepta por completo, aun cuando desea cambiar partes de sí misma. Hay un amor propio y una autoconsideración básicos, que ella alimenta con cuidado y expande con decisión.
2. Acepta a los demás tal como son, sin tratar de cambiarlos para satisfacer sus propias necesidades.

3. Está en contacto con sus sentimientos y actitudes en todos los aspectos de su vida, inclusive la sexualidad.
4. Atesora cada aspecto de sí misma: su personalidad, su apariencia, sus creencias y principios, su cuerpo, sus intereses y logros. Se autoaprueba, en lugar de buscar una relación que le otorgue una sensación de valor propio.
5. Su autoestima es lo suficientemente grande para que pueda disfrutar la compañía de los demás, especialmente de los hombres, que le parecen bien tal como son. No necesita que la necesiten para sentirse digna.
6. Se permite ser abierta y confiada con la gente apropiada. No teme que la conozcan en un nivel personal profundo, pero tampoco se expone a la explotación de quienes no se interesan por su bienestar.
7. Se pregunta: "¿Esta relación es buena para mí? ¿Me permite llegar a ser todo lo que soy capaz de ser?"
8. Cuando una relación es destructiva, es capaz de renunciar a ella sin experimentar una depresión incapacitante. Tiene un círculo de amigos que la apoyan e intereses sanos que la ayudan a superar la crisis.
9. Valora su propia serenidad por sobre todas las cosas. Todas las luchas, el drama y el caos del pasado han perdido su atracción. Se protege a sí misma, su salud y su bienestar.
10. Sabe que una relación, para que funcione, debe darse entre dos personas que compartan objetivos, intereses y valores similares, y que tengan capacidad para la intimidad. Sabe también que ella es digna de lo mejor que le pueda ofrecer la vida.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Shakespeare en la selva*

* De Laura Bohannan, "Shakeaspeare in the bush", Natural History, August-Septembre, 1996



Texto de "Lecturas de antropología social y cultural", Honorio M. Velasco (Comp.). Cuadernos de la Uned.



SHAKESPEARE EN LA SELVA, Laura Bohannan


Justo antes de partir de Oxford hacia territorio Tiv, en África Occidental, mantuve una conversación en torno a la programación de la temporada en Stratford. "Vosotros los americanos", dijo un amigo, "soleis tener problemas con Shakespeare. Después de todo, era un poeta muy inglés, y uno puede fácilmente malinterpretar lo universal cuando no ha entendido lo particular".


Yo repliqué que la naturaleza humana es bastante similar en todo el mundo; al menos, la trama y los temas de las grandes tragedias resultarían siempre claros – en todas partes –, aunque acaso algunos detalles relacionados con costumbres determinadas tuvieran que ser explicados y las dificultades de traducción pudieran provocar algunos leves cambios. Con el ánimo de cerrar una discusión que no había posibilidad de concluir, mi amigo me regaló un ejemplar de Hamlet para que lo estudiara en la selva africana: me ayudaría, según él, a elevarme mentalmente sobre el entorno primitivo, y quizá, por vía de la prolongada meditación, alcanzara yo la gracia de su interpretación correcta.Era mi segundo viaje de campo a esa tribu africana, y me encontraba dispuesta para establecerme en una de las zonas más remotas de su territorio

(...)
El anciano me pasó más cerveza para ayudarme en mi relato. Los hombres llenaron sus largas pipas de madera y removieron el fuego para tomar de él brasas con que encenderlas: entonces, entre satisfechas fumaradas, se sentaron a escuchar. Comencé usando el estilo apropiado: “Ayer no, ayer no, sino hace mucho tiempo, ocurrió una cosa. Una noche tres hombres estaban de vigías en las afueras del poblado del gran jefe, cuando de repente vieron que se les acercaba el que había sido su anterior jefe”.

“¿Por qué no era ya su jefe?”

“Había muerto”, expliqué, “es por eso por lo que se asustaron y se preocuparon al verle”.

“Imposible”, comenzó uno de los ancianos, pasando la pipa a su vecino, quien le interrumpió.“Por supuesto que no era el jefe muerto. Era un presagio enviado por un brujo. Continúa”.

Ligeramente importunada, continué. “Uno de esos tres era un hombre que sabía cosas” – la traducción más cercana a estudioso, pero por desgracia también significa brujo. El segundo anciano miró al primero con cara de triunfo. “De modo que habló al jefe muerto, diciéndole: ‘Cuéntanos qué debemos hacer para que puedas descansar en tu tumba’, pero el jefe muerto no respondió. Se esfumó y ya no lo pudieron ver más. Entonces el hombre que sabía cosas – su nombre era Horacio – dijo que aquello era asunto para el hijo del jefe muerto, Hamlet”.

LEER EL TEXTO COMPLETO

miércoles, 27 de agosto de 2008

GENÉTICA CUANTITATIVA


Introducción a la genética cuantitativa.


La genética cuantitativa es la rama de la genética que se ocupa de estudiar la contribución relativa de las influencias genéticas y ambientales sobre los diversos caracteres fenotípicos de los organismos, incluidos los conductuales.


Caracteres mendelianos: influidos por un solo gen (discreto, cualitativos).

Herencia poligénica: caracter regulado por numerosos genes que operan conjuntamente (caracteres contínuos o cuantitativos).

Pleiotropismo: un solo gen afecta a varios rasgos fenotípicos conductuales.


La genética cuantitativa usa métodos estadísticos que analizan a la población en su conjunto.


Los estudiosos actuales admiten que, aunque sean muchos los genes que afectan a un carácter, la transmisión individual de cada gen sigue las leyes de Mendel.


La moderna genética cuantitativa se fundamenta en el modelo poligénico. Las relaciones dominancia - recesividad no siempre están claras y muchos alelos funcionan con efectos aditivos: suman sus contribuciones relativas de forma equitativa a la expresión del genotipo (Campana de Gauss).


El rango de variaciones fenotípicas para los rasgos complejos como los conductuales es muy amplio. Y si además tenemos presente que los caracteres conductuales están probablemente regulados por cientos de genes, es lógico concluir que debe de haber una distribución continua de los fenotipos conductuales, aunque cada uno de esos cientos de posibles genes se herede con herencia mendeliana.

martes, 26 de agosto de 2008

No sé qué decirte


Revista Psychologies, nº 43, agosto 2008, (http://www.psychologiesrevista.com/)

Opinión. Ángel Gabilondo.


No sé qué decirte

“No es que me calle lo que pienso, es que, a veces, no sé qué pensar. No es que oculte lo que me inquieta, es que me inquieta no saber lo que oculto.”

En ocasiones es algo más poderoso que una ignorancia, un desconocimiento o un desconcierto que inhabilitan mis palabras. No es una parálisis, sino un exceso de estímulos que provocan algo que se parece a una proliferación compleja y contradictoria de emociones, de sentimientos y, quizá, de ideas que no se dejan reducir a un discurso articulado. No solo por falta de coherencia. Se hace casi imposible la verbalización. No es un engaño. No es que me lo guarde, es que lo que siento no es capaz de llegar a ser algo que decir. Reconozco que debe resultar incómodo encontrarse ante quien, en cierto modo desnudo de argumentos, ni siquiera es capaz de enfrentar o de afrontar la situación. A veces, es desesperante. Y puede hasta parecer agresivo. Dan ganas de agitar o de remover las hojas de quien calla a ver si cae o se desprende algo que se deje ver u oír. Podría pensarse que es una cobardía o una irresponsabilidad, una incapacidad de hacerse cargo de la situación, de las propias decisiones. Pero en ocasiones un rayo irrumpe en el corazón de la lógica y tiemblan y laten las almas, pero no hay modo de sentir más que impotencia o culpa o desamparo.

No lo tomes a mal. Callo porque una voz más potente que cualquier frase no es capaz de balbucear ni de deletrear nada. Un ejército de traspiés y de tropezones es torpe para enfilar un mínimo discurso. No es indiferencia. Desearía que entraras en el insonoro refugio en el que no hay palabras. No es un vacío, es algo aplazado, despoblado, que sin embargo late. Y creo que con amor. Pero a estas alturas de la conversación, ya solo un gesto, quizá un abrazo, podría mostrar la verdad de esto que ni es esto, ni sé qué decir de ello. Esto que me pasa y que, sin embargo, no poseo. Tengo algo decisivo que decirte: no sé qué. Tal vez se desprenda de mi mirada o de mi postura. Te lo digo sin decírtelo.

No siempre tenemos las palabras adecuadas. En ocasiones, ellas parecen haberse ido incluso antes de llegar. Se produce una sensación incómoda de incomunicación. Pero tal vez en ese momento se requiere algo más, algo otro, la capacidad de escuchar lo que quizá quede patente sin necesidad de ser dicho: un aprecio más consistente que cualquier explicación. No es que se esconda algo. Es la voluntad de mostrar que no hay qué decir. Podrían improvisarse palabras, pero cuando alguien nos importa de verdad es preferible que sepa que no siempre sabemos qué decir, aunque incluso eso deseamos hacerlo llegar amorosamente. Y ese es ya otro modo de hablar.

Bien necesario, por cierto.

lunes, 7 de julio de 2008

Saber decir


Textos del libro "Asertividad. Sé tú mismo sin sentirte culpable" de Eduardo Aguilar Kubli.


Existen diversas formas de decir las cosas que dependen del objetivo que perseguimos en cualquier interacción, pero en términos generales podemos señalar que la regla como expresión recomendable es la misma que nos gustaría que tuvieran los demás hacia nosotros.


Cuando alguien manifiesta su enojo, aprecio o desacuerdo preferimos que:



  • Se nos digan las cosas con respeto, sin sarcasmos, humillaciones o burlas.


  • Nos pidan las cosas en buen tono y con cortesía, no como mando.


  • Se nos señalen las cosas con objetividad, sin explosiones emotivas agresivas.


  • No se nos evalúe global y negativamente por un hecho inconveniente.


  • No se nos acuse o culpe de todo.


  • Que se nos hable directamente y con claridad respecto a lo que otros quieren o sienten.


  • Se nos comunique también lo que hacemos bien.


  • Se busque un acuerdo en lugar de tratar de hacernos sentir mal.


  • Nos soliciten información antes de que se concluya negativamente sobre las razones por las que hemos actuado de una u otra manera.


  • Entiendad también nuestra situación.

Reglas para saber decir


Los lineamientos que a continuación se describirán se basan precisamente en las preferencias que acabamos de enlistar, y deben adaptarse al propio estilo de ser para que la expresión sea genuina y no reflejo de un acartonamiento estudiado.


Expresión de deseos.


1. Siempre que sea posible evita que tu petición se interprete como demanda no negociable o mando agresivo.


2. Deja bien claro lo que quieres y siempre que sea posible especifica el grado de intensidad de tu deseo. Así podrás asegurarte de que te satisfagan adecuadamente si los demás lo deciden.


Expresión de sentimientos.


1. Siempre que puedas señala primero el comportamiento específico que encuentras negativo y después tu sentimiento. Esto ayudará a no crear reacciones muy defensivas en los demás.


2. Establece primero con precisión lo que sientes y exprésalo con claridad, reflejando también la intensidad de la emoción.


3. Nunca ataques la autoestima de las personas.


Expresión de sentimientos mezclados.


1. Expresar los mensajes como dos conjuntos separados, explicando el primero completamente antes de continuar con el segundo.


2. Si es oportuno, antes de iniciar la expresión del segundo conjunto, deja que la otra persona reaccione al primero.


3. Es importante dar clara información respecto a qué partes de la conducta son aceptables y cuáles no lo son, en lugar de quedarse callado.


Expresión de sensibilidad sin perder firmeza.


1. Se reconocen explícita y genuinamente los sentimientos, la situación, los derechos o las creencias de los demás, y después se expresa asertivamente la propia condición.


2. Recuerda que ser sensible a la situación de otra persona no es equivalente a estar de acuerdo o aceptar sus planteamientos.


Expresión de discrepancia.


1. Expresar objetivamente lo que la otra persona dijo que haría (el acuerdo), describir lo que en realidad hizo (el hecho), y qué es lo que usted desea.


2. Evite juzgar a la persona o tratar de que se sienta culpable, o adelantar conclusiones imaginando los peores motivos por no haber cumplido.


Expresión de sentimientos negativos y difíciles.


1. Expresar objetivamente la conducta de la otra persona que interfiere o afecta, cómo repercute ésta de forma concreta en tu vida, cómo te sientes y qué deseas.


2. Evite a las explosiones agresivas; no pierda la objetividad.


Es nuestra responsabilidad decir las cosas de forma tal que no violemos los derechos de los demás. Siempre existe una manera apropiada de expresión de los mensajes, cualesquiera que éstos sean. Ejercitarnos en la aplicación adecuada y darnos tiempo para pensar antes de hablar, ocupando ese lapso para pulir la forma de lo que se desea transmitir, es básico para la comunicación fructífera.


Puede suceder que a pesar de expresarnos adecuadamente y con respecto, no logremos cambio alguno o mejoría en el intercambio. Esto es lógico si se entiende que en el proceso de la relación humana intervienen muchos otros factores como son: saber escuchar, que exista la disposición del otro para comunicarse honestamente, que actuemos persistentemente asertivos, interferencia de valores, conflicto de intereses, variables de tipo emocional, barreras semánticas, etc.


Sin embargo la meta de la acción asertiva no se fundamente en ganar sino en mantener la comunicación provechosa. En el mediano y largo plazo las opciones para construir se amplían y facilitan si ha existido el esfuerzo presente para conservarse en el respeto.


Decir no, sin sentirse culpable.


Aprender a decir que no de una manera eficaz requiere primero un cambio de mentalidad respecto a todos aquellos pensamientos que hemos repetido durante mucho tiempo y que tienen el efecto de hacernos sentir culpables e inhibir nuestro poder para establecer límites.


Es importante reconocer que somos seres con energía limitada, que necesitamos aprender a priorizar y ordenar óptimamente. Para ello saber rehusar es una de las herramientas indispensables.


Decir que no tiene ventajas: permite dedicar mayor tiempo y energía a las situaciones o personas que más te gustan o necesitan, beneficiándote a ti y también a los demás.


Si sabes poner límites, también entenderás y respetarás más fácilmente un "no" de los demás como respuesta, y si al negarte lo haces con asertividad las repercusiones negativas que uno normalmente teme, en realidad se minimizan o eliminan, obteniendo más que rechazo, respeto.


Cuando no sabemos decir que no y la culpa nos domina, terminamos por hacer muchas cosas que no deseábamos, generándose con ello resentimientos y hasta ofensas posteriores que se expresan directa o indirectamente y que pueden llegar a ser muy agresivas. Esto representa una especie de paradoja, ya que inhibimos nuestros derechos a rehusar por el ánimo de no lastimar o perjudicar pero acabamos muchas veces hiriendo peor a otras personas.


Rehusar no significa rechazar a nadie como persona, sino poner límites. Si tememos que al decir no, los demás no volverán a pedirnos, podemos explicarles asertivamente en qué condiciones sí aceptaríamos.


También en ocasiones se piensa que rehusar a la petición de alguien significa que no nos importa. Sin embargo, es preciso entender que amistad no significa entrega ilimitada.


En otros casos se reflexiona de la siguiente manera: "Me duele tanto ver cómo se sentirá, que prefiero decirle que sí". Este pensamiento pierde de vista que aunque en el corto plazo sí pueden evitarse malestares, en el mediano y largo no será posible.


Para rehusar es preferible ser directo, sin dar excusas que en el fondo sólo buscan la aprobación de los demás y expresar su verdadera falta de deseo, explicación o razones por las que no quiere aceptar. Algunos ejemplos correctos serían:


"No, gracias"; "Entiendo que para ti es muy importante, aunque a mí no me gustaría"; "Prefiero que busques por otro lado, no quisiera que esperaras algo de mí en esta ocasión"; "Puedo recoger a tu hijo del colegio, pero no puedo llevarlo hasta tu casa"; "No quiero, por favor no insistas".


Si con frecuencia te sientes culpable por no saber decir que no pagas las consecuencias con malestar y tensión, revisa lo que entiendes por "respeto por sí mismo" y trata de aclarar tu posición antes de llevar a cabo una acción asertiva. Si no lo haces, puede suceder que en lugar de sentirte bien por comportarte afirmativamente, te autocastigarás aun cuando hayas reaccionado en legítima defensa.

domingo, 6 de julio de 2008

Las etapas de la vida, de Romano Guardini


Obra de suma relevancia ética y pedagógica, donde brevemente y de forma amena se describen las diversas fases de la vida de un ser humano: el nacimiento y la infancia, la crisis de la maduración, el joven, la crisis de la experiencia, el mayor de edad, la crisis de la experiencia de los límites, la persona que ha aprendido de la experiencia, la crisis de la dejación, el hombre sabio, la entrada en la ancianidad, la persona senil.


Como puede verse, el paso de una fase a otra está marcada por una crisis, un cambio, a superar en orden de un desarrollo evolutivo natural.


Puede leerse varias páginas del libro en: búsqueda de libros de google.


viernes, 27 de junio de 2008

¿Quién se ha llevado mi queso?


Simpática adaptación animada del libro que fue todo un éxito de ventas en su momento. Un sencillo manual que relata la historia de dos ratoncitos y dos pequeños humanos dentro de un laberinto buscando queso. Muy recomendable.


Primera parte:




Segunda parte:



Atreverse a viajar sola


Artículo de la revista Phychologies de julio de 2008.
(Nota: las fotos están captadas aleatoriamente de internet, sin que correspondan al reportaje o testimonios facilitados en él.).

Las mujeres que viajan solas chocan, desconciertan, despiertan admiración y
también sorpresa. ¿Qué les lleva a coger un día la mochila y lanzarse a la
aventura? Sara, Ana, Laura y Eva lo han hecho. A pesar de
los miedos iniciales - a lo desconocido, a la soledad... -, todas coinciden en
afirmar que el hacerlo, transforma y enriquece poderosamente.


"Señorita, disculpe, ¿viaja usted sola?". Hay quien siente vergüenza solo al imaginarse que alguien le pueda hacer esta pregunta, pero hay otras mujeres, valientes, que deciden ser dueñas de su vida y emprender viajes sin más compañía que su maleta.

Pero el viaje empieza mucho antes de partir. La preparación es una parte enriquecedora a la que se le debe prestar atención. "Es necesario que al comienzo de cualquier viaje nos paremos y entendamos cuál es el objetivo y el impulso que nos motiva a hacerlo. Esto marca la intención, es decir, el sentido que para cada persona tiene una decisión así. Esta toma de conciencia es reveladora. El pararnos y darnos cuenta del motivo por el cual comenzamos un viaje nos ayudará a integrar en armonia lo que pueda ir sucediendo", comenta la psicóloga social Lourdes Prieto. Es una decisión importante ya que supone el riesgo de no tener ningún apoyo al exponerte a un mundo desconocido y para eso hay que estar preparada.

Al viajar sola no puedes comentar nada con alguien cercano de lo que vas observando y por ello todo lo que vivas formará parte de tu experiencia única y personal. Curiosamente esto mismo te puede ayudar a abstraerte y ver el mundo como si lo miraras desde fuera, como si todo fuera una especie de obra de teatro y tú su única espectadora. Eso es tan enriquecedor desde el punto de vista personal que nos puede llegar a transformar la perspectiva de la vida.


Abrirse a los demás

Laura es economista y lleva viajando por todo el mundo desde los 20 años. Ahora no se imagina programando un viaje con nadie. "Nunca me he sentido tan acompañada como cuando viajé a Senegal. Siempre había alguien dispuesto a conversar, y eso me fascina. Encontrar culturas diferentes y mezclarme con ellas es lo más enriquecedor de mi vida, también porque siempre me han recibido con una sonrisa. Aparecer en pueblos de apenas 15 personas, y que te inviten a comer, cenar, dormir... eso no te pasa si viajas de casa a la oficina o si vas en un viaje en grupo. Sola es como disfruto más, porque aprovecho todas las posibilidades que ofrecen los lugares que visito". Y recuerda "cómo un niño se puso a llorar cuando me vio porque nunca había visto una mujer blanca, y cómo al final acbé jugando con él toda una tarde. Algo que podría ser una pérdida de tiempo para otra persona, para mí es una manera de aprovecharlo. Personalmente, siempre me ha fascinado la gente, hablar con todo el mundo, el ser humano es lo más interesante que hay en la vida y viajando es cuando realmente puedo ser yo con los demás. Es cierto que alguna vez que he viajado con compañía he tenido momentos tensos, porque no podemos fingir las 24 horas del día algo que no somos. Lo que me gusta es la absoluta sensación de libertad. Puedo ir, quedarme, marcharme de donde quiera y hacia donde quiera sin depender de nadie y sin que nadie dependa de mí. Por unos días no tengo que pensar ni respetar los deseos de los demás y ni siquiera pensar en los míos".

Emprender un viaje en soledad supone romper con nuestro grupo de referencia, nuestro rol, el papel y lugar que ocupamos en la vida. Hay momentos en los que necesitamos de esta definición, pero también existen otros en los que queremos despojarnos de estos límites para alcanzar algo de libertad, sabiendo que tiene los días contados.


"Las mujeres que han viajado o viajan solas son positivas y tienden a relativizar los problemas debido a la practicidad que han ido desarrollando en cada uno de sus viajes. Son mujeres con un alto grado de responsabilidad y muy organizadas. Hacerlo una vez en la vida es algo más que recomendable, pero no como huida sino como búsqueda", comenta la psicóloga social Ana Jiménez.


Disfrutar de una misma

Huir de una ciudad y emprender un viaje para dejar problemas atrás es un error, ya que como decía el poeta Kafavis "las ciudades se llevan dentro". Por eso, lo más recomendable es dejar el plano sentimental atado y después marcar una ruta. La experiencia que te aporta estos viajes forma parte del aprendizaje vital y de la formación de la persona, pues te abren diferentes perspectivas y puntos de vista y al final te forjan una personalidad más receptiva.

Silvia Granada, arquitecta de 42 años, aprovecha sus vacaciones, que prefiere cogerse siempre en septiembre para evitar turistas, para disfrutar de ella misma con entornos diferentes, "mis viajes son un retiro espiritual cuyo objetivo son, aparte de conocer lugares y personas nuevas, vaciarme de todo lo que ha ido pasando en el año, de las tensiones, de los malos momentos, incluso de los buenos y mirar tanto para fuera como para dentro. Así vuelvo a ser yo misma, sin contaminar. Me apasiona la sensación de estar aislada por el idioma, no entender nada y solo abrir el canal de comunicación cuando quiero. Me gusta observar a la gente que no se siente observada, sus gestos, la entonación, cómo caminan. Me divierte inventar historias respecto a ellos y producir la misma sensación de extranjera rara a la que observan. Eso sí, siempre cumplo con lo planificado anteriormente, mi lista de "Cosas imprescindibles que hacer en...".


Continuamente nos alimentamos de nuestro entorno, somos lo que fuimos, lo que vemos, oímos, sentimos y pensamos. Así, al rodearnos de un mundo nuevo cuando realizamos un viaje, con nuestra identidad desnuda nos reinventamos.


Superar miedos

Para Ana Ormaechea, una periodista de 34 años, viajar le supone "una inspiración para vivir. Al principio, el miedo se apoderaba de mí, pensando todo lo malo que me podría pasar; después es más la incertidumbre de cómo será. Pero la actitud puede con todo y los miedos se van en seguida. Sin embargo, como soy consciente de que pueden suceder imprevistos, suelo contratar un seguro y así espanto los posibles males. En ocasiones, me siento sola y me gustaría compartir ciertos momentos con alguien, pero lo mejor es aprender a disfrutar de una misma. Cuando lo consigues, ya lo tienes todo ganado".

Esa mezcla de miedo a lo desconocido y ánimo de aventura es lo que engancha a volver a repetir la experiencia, y lo que impulsa a muchas mujeres a llenar su equipaje de valentía y trazar nuevas rutas. Como decía la aventurera parisina Freya Stark, "a una le sobreviene una especie de locura a la vista de un buen mapa". Y es que si lo tuvieran todo controlado, ¿qué gracia tendría?

Es precisamente ese punto de incertidumbre lo que hace bueno un viaje, como afirma el psicólogo Vicente Prieto: "Conocer los límites de uno y poder afrontar las situaciones que no tenías previstas en un principio hace que te sientas capaz de enfrentarte a lo que sea".

Sara Janini es fotógrafa y lleva más de 15 años viajando por el mundo con la cámara como compañera de aventuras. "Lo mejor de viajar sola es que no tienes ninguna presión de nadie, solo la que tú te marcas. Haces todo a tu aire y si un día no te apetece salir de la cama, pues no tienes por qué hacerlo. No hace falta recorrerse toda la ciudad de arriba a abajo sin dejarte nada por pura obsesión. Por mi profesión prefiero ir siempre a mi ritmo, que no me impongan horas de visita, aunque muchas veces he de hacerlo. Cuando más disfruto es cuando solo tengo un billete de ida. Eso es para mí la vida. La vuelta es cuando el viaje se agota por sí solo, aunque hay veces que tienes obligaciones y debes volver, entonces es una vuelta forzosa. En más de una ocasión, sobre todo en África, he ido retrasando la vuelta hasta qu eha sido imposible no regresar. No considero que tenga una casa fija, aunque ahora haya encontrado un refugio donde descansar entre viaje y viaje. Los tuaregs y el desierto son unas de mis pasiones. La cercanía con la que te tratan, de repente te sacan lo que tienen ellos para comer y te lo dan, como la tagela, un pan que se cuece en la arena y que te comes con media tonelada de arena de desierto de regalo, pero que te sabe a gloria, solo por el acto de generosidad".


Viajando sola se pueden tener momentos de plenitud absoluta con cosas pequeñas, como bañarse en el mar, mirar un cuadro o comer un trozo de pizza por la calle y se disfrutan con mucha intensidad. "Me encanta perderme con el coche por carreteras secundarias sin ningún destino en concreto... sólo por el placer de conducir y de descubrir algo nuevo", comenta Ana Ormaechea.


Un deseo de superación

Eva Garzón, de 29 años, viaja continuamente por su trabajo en una ONG, pero cuando ella puede elegir destino y compañía lo tiene claro, prefiere evadirse unos días ella sola. "Siempre que cuento alguno de mis viajes hay quien me pregunta si no me siento observada cuando estoy en un restaurante cenando sola, pero creo que las miradas muchas veces las llevamos dentro, que no es tanto lo que nos miran, sino que es sentirse observada. Lo curioso es que un día, en Costa Rica, tuve una revelación: descubrí a una vieja amiga y nueva compañía que no era otra que yo. Fue una especie de reencuentro conmigo misma, y me di cuenta de que no podía estar más a gusto sin echar de menos a nadie. En todos los viajes he sentido un amor por la vida difícil de expresar.

Cada vez son más las mujeres que se animan a comenzar un viaje solas, y de hecho están surgiendo agencias y guías especializadas en ello. Y es que pocas cosas enriquecen más que descubrir hasta dónde podemos llegar para superarnos.


Almudena Ávalos



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