lunes, 17 de junio de 2013

Anne Baurain, blog de recursos

Creativas y emprendedoras, el blog ofrece mucho material claro y directo para vivir mejor. Anne se expresa de forma rica y cercana, con estrategias, reflexiones sobre temas que a todos nos afectan como el desapego o el bloquearnos ante la toma de decisiones. Trabaja la autoestima y asertividad entre otros en sus cursos y videos gratuitos de sus páginas.

En su propuesta "Vivir al estilo bambú" te propone sencillos ejercicios y comenzar un camino de autodescubrimiento personal y desarrollo que te ayudará a crear tu paraíso en la Tierra, de forma práctica en el día a día cotidiano, con tu trabajo, tus relaciones, tu relación contig@ mism@.

Vale la pena, ¿no crees?

VIVIR AL ESTILO BAMBÚ

¿Te exiges mucho? ¿Demasiado quizá? ¡Descubre la vida al Estilo Bambú!


domingo, 12 de febrero de 2012

La pareja actual: amar lo imperfecto. Peter Bourquin

Extracto del libro "Las constelaciones familiares en resonancia con la vida", de Peter Bourquin, Ed. Serendipity.



La pareja actual: amar lo imperfecto

"La mujer y el hombre poseen cada uno la mitad del cielo"
Proverbio chino

Cuando estaba a punto de casarme con Carmen, mi mujer, me desperté una mañana con la inspiración de escribir una reflexión personal sobre la pareja. Aunque sé que es incompleta, y que sólo muestra algunas facetas del abanico, creo que puede servirnos como introducción. Se llama:



Las cuatro piedras angulares de una pareja

"¿Qué hace que unas parejas funcionen y otras no? ¿Qué da estabilidad a una relación y qué crea una crisis permanente? Básicamente son cuatro las piedras angulares que, en su conjunto, posibilitan la construcción del hogar. Si falta una de ellas o se encuentra debilitada, la casa es inestable; si faltan varias, es probable que la pareja no dure a largo plazo.

La primera piedra angular es el amor. En el enamoramiento se crea un primer vínculo entre dos personas que las impulsa a comenzar una relación. La consumación sexual sella este vínculo. Después de un tiempo, uno se da cuenta de que el otro no es perfecto, de que tiene sus luces y sus sombras. Es un acto de amor aceptar al otro tal como es, a sus raíces familiares y también a su destino, que es distinto del propio. El compromiso matrimonial profundiza todavía más el vínculo. Lo contrario del amor no es el odio, que al igual que el amor mantiene el vínculo, sino la indiferencia. Es en la indiferencia donde muere el vínculo y el desinterés sexual lo debilita.

La segunda piedra angular es la presencia. Es la experiencia de caminar juntos. Si uno de los miembros de la pareja no está presente, el otro se siente solo, no visto. A veces uno sigue "enredado" en una anterior pareja y esto hace que no esté del todo libre y presente para su actual pareja. También puede encontrarse inmerso en una dinámica de "mirar hacia atrás" y prestar más atención a su familia de origen que a su familia actual. Otro motivo de que uno de los miembros de la pareja esté ausente es la adicción al trabajo, al igual que cualquier otro tipo de adicción. Si la pareja se forma entre dos personas "ausentes", no se vive la falta de presencia como una dificultad aunque, visto desde fuera, pareciera que dicha pareja vive "vidas paralelas" más que una vida en común.

La tercera piedra angular es la responsabilidad. Una pareja es una relación entre iguales. Cada uno debe asumir su parte de la responsabilidad respecto a la relación. De esta manera ambos la cuidan. Cuando uno exige al otro que le dé lo que sus padres no le dieron, y se siente con derecho a ello, se coloca en una actitud infantil. De esta forma no se hace responsable de sus propias carencias y necesidades, cargando a su pareja con sus exigencias. De la misma manera, se crea una relación desigual cuando uno se siente responsable del otro, como si fuera su padre o su madre. A menudo estas dos actitudes se complementan, haciendo juego.



La cuarta piedra angular es el aprecio. Como aprecio al otro, también aprecio lo que me puede dar y lo acepto agradecido. Eso hace que me surja el impulso de devolverle algo mío, porque en el fondo me siento en deuda. Así se crea entre la pareja un intercambio rico, que la fortalece. Cuando no lo aprecio o lo desprecio - aunque le quiera - no me vale lo que me da, y por eso no siento la necesidad de devolverle algo mío. Se crea un desequilibrio entre el dar y el tomar que amenaza la continuidad de la pareja. Cuando los dos se desprecian, se produce un intercambio de descalificaciones, insultos, reproches,... Paradójicamente esto también fortalece la pareja, aunque se trate de un intercambio pobre.

El conjunto de estas cuatro piedras angulares hace que uno renuncia a las demás posibilidades de pareja en el mundo y a la fantasía de la felicidad perfecta. Esta renuncia es el tejado que protege el hogar. Como amo a mi pareja, la tomo como es. Como quiero estar presente, no voy a buscar otra relación. Mi responsabilidad por la continuidad de la pareja exige que me haga cargo de mis carencias personales. Y es finalmente el aprecio por mi pareja lo que me hace elegirla a ella. Porque así lo quiero."


¿No es curioso que aunque uno se haya separado de su pareja, anhelando algo mejor, vuelva a encontrarse con las mismas dificultades en la siguiente relación? Por supuesto existe una gran variedad de razones para esto, pero creo que uno de los factores que más daño está haciendo a la duración de la pareja en nuestros tiempos, con tantas separaciones y divorcios, es la idea del amor romántico (o lo que es lo mismo, el amor perfecto), que tanto se promociona por todos lados, empezando por la industria cinematográfica. La fantasía de que existe el amor perfecto, al estilo "Pretty woman", es uno de esos introyectos colectivos, un lavado de cerebro en masa, que nos aleja de la realidad con la que no tiene nada que ver. Pero nos gusta el cuento y lo anhelamos, y la realidad cotidiana nos sabe a poco.

(...)

Porque si miramos nuestra experiencia y nos preguntamos ¿puede alguien darnos todo lo que deseamos, cubrir todas nuestras carencias? o ¿soy capaz de dar todo lo que mi pareja quiere de mí, todo lo que necesita?, está claro que la respuesta es: "no". No somos perfectos ni omnipotentes, sino personas limitadas e imperfectas. Justo esto forma parte de nuestra condición humana, y a la vez de nuestra belleza humana. Así, soy imperfecto, y mi pareja también lo es. Si la amo de verdad, la amo tal como es, con lo que tiene y con lo que no tiene. A la vez es un gran alivio para mí, pues no tengo que ser el amor perfecto para mi pareja, lo cual sería a todas luces una misión imposible.

De nuevo se hace patente la importancia de tomar a los padres. Es el mejor antídoto para evitar que uno proyecte sus carencias en su pareja. (...)


viernes, 18 de junio de 2010

Distancias adecuadas




(Extracto del libro "Corazón que siente, ojos que ven", de Mercè Conangla y Jaume soler, ed. Planeta)

Para vivir en sociedad hay que tener la sabiduría del erizo: saber a qué distancia ponerse del otro para no lastimarse

Arthur Schopenhauer

Hay algunos a los que les encantan las personas como individuos pero que no soportan a la humanidad en general. A otros les encanta la humanidad en general pero no soportan a los individuos. Hay quien trabaja para mejorar la sociedad y ayudar a personas de países lejanos pero es incapaz de relacionarse adaptativamente con su familia y vecinos. Hay quien se relaciona bien con los cercanos pero se olvida de la globalidad. Y es que lo cercano nos concierne y nos duele más.

Nos sabemos vulnerables y no queremos sufrir, pero vivir alejados de los demás es vivir huidos de nosotros mismos y de nuestra humanidad. Hallar la distancia adecuada en cada caso y en cada relación es todo un arte. Si nos acercamos demasiado nos pinchamos con nuestras púas, como les ocurre a los erizos, que en las frías noches de invierno se acercan unos a otros buscando calor. Pero si nos alejamos demasiado, sentimos el frío de la soledad y la desconexión y añoramos la cálida cercanía de otros cuerpos y otras almas. Por ello, nos volvemos a acercar esperando que las púas de los demás no nos vuelvan a agredir.

Entendemos que es importante hallar el punto de equilibrio y evitar ser pinchado y pinchar a los demás. Cuando la distancia no es adecuada, lo sabemos: la cercanía del otro nos duele. Entonces toca poner distancia y protegernos. Cuando somos nosotros los que pinchamos también nos llegan indicios que deberíamos reconocer: el otro pone barreras, se aleja o se vuelve agresivo, porque a nadie le gusta que lo hieran.

Los pinchos son nuestras intromisiones en la vida de los demás, las invasiones a su territorio privado, el exceso de control sobre lo que piensan, sienten y hacen. Derivan de nuestros intentos de dirigir su vida, de imponerles nuestra presencia, de no pedir permiso y de no respetar su silencio y distancia. Son nuestros juicios de valor, las etiquetas que ponemos, nuestras recriminaciones, quejas y victimismo. ¿Qué pinchos clavamos en los demás? Es preciso detectar cuáles son y aprender también a protegernos de los que otros nos intente clavar.

Se trata de un sutil equilibrio: hallar la distancia adecuada que nos permita ayudar sin ahogar, responsabilizarnos sin culpabilizarnos, dar al máximo lo que podamos sin sacrificar nuestra vida. Porque nuestra vida es para gozarla además de para vivirla.

sábado, 29 de noviembre de 2008

En busca de una segunda oportunidad por internet

Link a un muy humorístico y sarcástico artículo sobre el tema que os sacará la sonrisa a tod@s.

Pertenece a un magazine digital en su apartado de psicología.

viernes, 31 de octubre de 2008

Codependencia

Artículo publicado en:
http://www.saborysalud.com/content/articles/45/1/Codependencia/Paacuteginas1.html

CODEPENDENCIA

Laura ÁlvarezPsicóloga Clínica
mailto:Clínicalalvarez@saborysalud.com

¿Cuantas veces ha escuchado esta frase: “ nunca había sido tan feliz, estar enamorado es la fuente de mi felicidad” ? Pero, ¿qué sucede cuando esa relación se acaba?, mi mundo se desborda, y la felicidad desaparece. Eso sucede en las relaciones de codependencia, en las cuales se deposita en el otro que me haga feliz. Como lo menciona la autora Chiquinquirá Blandón en su libro Manual para Desenamorarse, “en las relaciones de codependencia la persona da más de sí mismo al otro, dedicando todo su tiempo y energía para mantener los estados de exaltación en su relación, trata cada día de consumir más dosis para ser feliz, entrando en el círculo vicioso del adicto, con sentimientos de exaltación cuando se está bajo los efectos del embriagante y bajos cuando el embriagante se retira.” Actualmente el término codependencia es muy sonado, es común escuchar hablar de relaciones codependientes, las cuales lejos de ayudarnos a crecer como seres humanos nos llevan a destruirnos. Las relaciones codependientes son aquellas en las cuales la vida de la persona gira alrededor de algo, o alguien, son personas que viven la vida de los otros como si fueran ellos mismos. Como lo define Melody Beattie en su libro Ya no seas Codependiente “los codependientes son aquellos que permiten que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona, y están obsesionados tratando de controlar esa conducta.” Son relaciones que producen esclavitud, como refiere el autor Walter Riso en su libro Amar o Depender, la palabra codependencia proviene de con(necesario)y dependiente(esclavitud) es ser compañero en una dependencia”. Dentro de las características de las personas codependientes se menciona que son controladoras, manipuladoras, indirectas, se les dificulta comunicarse, tienen dificultad para expresar emociones, generan sentimientos de culpa a las demás personas, son individuos que reaccionan ante las situaciones pero no resuelven, no son espontáneos pues tienen que tener las cosas bajo su control, sus relaciones generan ansiedad, y provocan que su vida dependa de otros y no de ellos mismos. Algunos autores hablan de que la codependencia es una enfermedad, otros refieren que los codependientes son “adictos afectivos, los cuales dependen de otros para vivir, buscan gratificación en los otros como los adictos a la droga. Son individuos que sienten un gran temor al abandono, necesitan aferrarse a otros inclusive aún cuando la compañía les cause dolor. Por otro lado el compañero del codependiente, estimula y propicia las conductas adictivas porque a la vez él es dependiente y las necesita para afirmarse a él mismo. Este tipo de conductas las ejecutan las personas sin darse cuenta, pues han sido conductas adquiridas a lo largo de su vida. Pero llega el momento en que uno de los dos empieza a romper este patrón, inicia el alejamiento y produce la crisis, lo que los lleva a cuestionarse, buscar ayuda y descubrir los patrones adictivos.